
Manifestar tu decisión de donar órganos en México es un trámite sencillo que puede transformar la vida de otras personas que esperan un trasplante
La donación de órganos y tejidos es una de las acciones solidarias con mayor impacto social y sanitario. En México, miles de personas viven con enfermedades que han dañado de forma irreversible órganos como el corazón, los riñones o el hígado, y para muchas de ellas un trasplante representa la única posibilidad de seguir con vida o de recuperar una calidad de vida digna.
Este tipo de procedimientos médicos dependen por completo de la voluntad de quienes deciden donar, ya sea durante su vida o después de fallecer. La decisión de convertirse en donante permite que órganos, tejidos y células sean utilizados para tratar padecimientos graves que no tienen otra alternativa terapéutica.
De acuerdo con información del Gobierno de México, los trasplantes son una opción médica esencial cuando existe un daño permanente en un órgano o un funcionamiento deficiente de algún tejido. En numerosos casos, no solo se trata de mejorar la condición del paciente, sino de ofrecerle una oportunidad real de sobrevivir.
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Para formalizar esta decisión, una de las herramientas más importantes es la tarjeta de donación voluntaria de órganos y tejidos. Este documento permite dejar constancia escrita de la voluntad de donar y facilita que familiares y autoridades conozcan y respeten esa decisión en caso de fallecimiento. La tarjeta puede obtenerse mediante el Registro Nacional de Donadores Voluntarios, disponible en el sitio oficial del Centro Nacional de Trasplantes. También es posible acudir a los Centros o Consejos Estatales de Trasplantes y a instituciones públicas de salud, donde se brinda orientación sobre el proceso.
La legislación mexicana, a través de la Ley General de Salud, reconoce el derecho de todas las personas a decidir libremente si desean ser donantes. Esta voluntad puede expresarse de forma verbal o por escrito y modificarse o revocarse en cualquier momento. No obstante, comunicarla a la familia resulta fundamental, ya que serán los familiares quienes la hagan valer ante las autoridades.
Pueden ser donantes en vida las personas mayores de edad que se encuentren en buen estado de salud. Después del fallecimiento, es posible la donación a partir de los dos años de edad, siempre que exista una evaluación médica favorable y, en el caso de menores, el consentimiento de padres o tutores. Quedan excluidas las personas que no puedan expresar su voluntad de manera libre y consciente.
En el país se realizan alrededor de siete mil trasplantes al año, la mayoría en instituciones públicas. Sin embargo, la tasa de donación sigue siendo baja, con aproximadamente cinco donantes por cada millón de habitantes, lo que refleja la necesidad de fortalecer la cultura de la donación.
Registrar la voluntad de donar órganos es un acto sencillo que puede tener un impacto profundo. Informarse, formalizar la decisión y compartirla con los seres queridos son pasos clave para que la donación se convierta en una oportunidad real de salvar y mejorar vidas.







