
El trabajo nocturno podría aumentar la probabilidad de osteoporosis y fracturas al alterar el sueño, los ritmos biológicos y hábitos clave de salud ósea.
Millones de personas en todo el mundo realizan labores durante la noche, desde médicos y policías hasta operadores de transporte y personal industrial. Sin embargo, estas jornadas pueden tener efectos más allá del cansancio y la vida social, afectando también la salud de los huesos.
Recientes investigaciones han comenzado a relacionar el trabajo nocturno con un riesgo mayor de osteoporosis, una enfermedad que tradicionalmente se asociaba con la edad, la menopausia o la deficiencia de calcio.
Un análisis de la Central South University, publicado en 2025 en Frontiers in Public Health, examinó a 276,774 adultos del UK Biobank y encontró que quienes laboran de noche de forma habitual presentan aproximadamente un 29% más de probabilidad de desarrollar osteoporosis que los que trabajan de día. Además, este grupo mostró un incremento en fracturas asociadas, uno de los principales indicadores de esta enfermedad silenciosa.
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Los autores del estudio aclaran que los hallazgos son observacionales, por lo que no se puede afirmar que los turnos nocturnos causen directamente la enfermedad. Sin embargo, los resultados se mantuvieron consistentes incluso tras ajustar variables como edad, enfermedades crónicas, estilo de vida y factores hormonales.
La salud ósea depende del equilibrio entre formación y reabsorción del tejido óseo, proceso regulado en parte por el reloj biológico. Revisiones publicadas en International Journal of Molecular Sciences indican que los marcadores de recambio óseo varían a lo largo del día, lo que sugiere que el sueño y la vigilia influyen directamente en la remodelación del hueso. Dormir de día, recibir poca luz solar, comer a horarios irregulares o acumular fatiga puede afectar estos mecanismos, así como hábitos comunes en turnos nocturnos como menor actividad física y deficiencia de vitamina D.
No todas las personas presentan el mismo nivel de riesgo. Investigaciones basadas en la encuesta NHANES muestran que mujeres mayores de 50 años, especialmente posmenopáusicas, podrían ser más vulnerables. En ellas, el trabajo nocturno se asocia con densidad mineral ósea más baja en la columna, zona frecuentemente afectada por la osteoporosis.
La osteoporosis suele progresar sin síntomas hasta que ocurre una fractura, lo que hace crucial la prevención y detección temprana. Según The BMJ, estudios de densidad ósea y vigilancia individualizada permiten acciones preventivas antes de complicaciones graves. Organizaciones como la Bone Health & Osteoporosis Foundation destacan que los ritmos de sueño son tan importantes como la alimentación y el ejercicio para mantener la salud ósea.
Para quienes trabajan de noche, los expertos recomiendan medidas como ejercicios de fuerza y actividad física regular, exposición a luz natural cuando sea posible, sueño de calidad en horarios invertidos, alimentación con calcio y proteína suficientes, y seguimiento médico de vitamina D. Mantener estas prácticas puede contrarrestar parcialmente los efectos del turno nocturno sobre los huesos.
En conclusión, laborar de noche no es un factor aislado de riesgo, pero puede sumarse a otros elementos que predisponen a osteoporosis, especialmente en personas con mayor vulnerabilidad por edad, cambios hormonales o hábitos de vida. La evidencia actual invita a considerar la salud ósea desde un enfoque integral que combine prevención, sueño y actividad física.







