
El libro Apaguemos la luz y entremos a la noche traslada al papel el universo de Morras Malditas y reinterpreta mitos mexicanos desde una mirada íntima
Cuando el miedo deja de ser un recurso de impacto y se convierte en una experiencia reflexiva, la literatura adquiere otra densidad. Apaguemos la luz y entremos a la noche, publicado en 2025, propone precisamente ese tránsito: abandonar la comodidad de lo conocido para internarse en relatos que dialogan con la tradición oral y los temores colectivos de México.
La obra marca el paso definitivo del pódcast Morras Malditas al formato editorial. Creado y conducido por Gaby Cam y Andrea “Andy” Cruz, el proyecto sonoro ya había consolidado una audiencia amplia interesada en mitos, leyendas y figuras sobrenaturales del país. El libro retoma ese universo, pero lo adapta a las posibilidades del texto escrito, con mayor espacio para la atmósfera y la reflexión.
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Lejos de una novela convencional o de una antología clásica de terror, el volumen se estructura como un recorrido fragmentado. Cada capítulo abre una entrada distinta a lo nocturno, sin una sola línea argumental. Fantasmas, apariciones y entidades del folclor mexicano aparecen reinterpretadas desde una perspectiva contemporánea que combina lo ancestral con escenas cotidianas.
Uno de los rasgos centrales es la voz narrativa. Las autoras mantienen un tono cercano, casi confidencial, que reproduce la complicidad del pódcast. No hay distancia académica ni solemnidad, sino una invitación directa al lector, sintetizada en la frase “apaga la luz y acompáñanos”. El miedo no se plantea como un fin en sí mismo, sino como una vía para explorar identidad, territorio y memoria.
El libro también introduce una lectura crítica del terror. Cada relato no solo describe lo sobrenatural, sino que cuestiona su origen y su función simbólica dentro de las comunidades que lo crearon. Esa capa interpretativa amplía el sentido de las historias y las aleja del cliché del horror comercial.
El traslado del audio al papel no diluye la esencia del proyecto. Por el contrario, la prosa aprovecha la oralidad como base y la transforma en un ritmo pensado para una lectura pausada, casi ritual. La experiencia del pódcast se expande, permitiendo mayor profundidad en imágenes y silencios.
En un contexto editorial dominado por fórmulas importadas, Apaguemos la luz y entremos a la noche destaca por mirar hacia lo local. Es un libro que asume su identidad mexicana sin recurrir al folclor superficial y que, además, plantea una reconfiguración del género desde una mirada femenina.
Más allá del impacto inmediato, la obra deja ecos persistentes: paisajes rurales envueltos en niebla, casas cargadas de historias no dichas y presencias que solo existen en los márgenes. Morras Malditas no buscan tranquilizar al lector, sino acompañarlo en esa oscuridad donde el miedo también funciona como una forma de memoria compartida.







