Grady, la pequeña macaco que ayuda a recuperar fertilidad en los niños con cáncer

Grady, la pequeña macaco que ayuda a recuperar fertilidad en los niños con cáncer
Grady, la pequeña macaco que ayuda a recuperar fertilidad en los niños con cáncer

Esta técnica está a punto de ser usada en humanos y representa una esperanza para los pequeños varones que sufren este mal

El cáncer es una enfermedad en aumento, paralelamente también los tratamientos para combatirlo presentan un asombroso crecimiento, prolongando la vida de quien lo padece.

Al ser tratamientos muy agresivos pueden presentar efectos secundarios (como todo medicamento), especialmente en los varones pequeños, pues al no tener completamente desarrollados sus testículos, su fertilidad puede afectarse al recibir un tratamiento contra el cáncer.

Se estima que un tercio de los sobrevivientes son infértiles cuando llegan a la pubertad.

Este efecto colateral durante años ha quedado fuera de las investigaciones principales sobre esta enfermedad que anualmente afecta a cerca de 300,000 niños de cero a 19 años, de acuerdo a datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Durante mucho tiempo fue imposible para los niños acceder a tecnologías de reproducción.

La quimioterapia y la radioterapia pueden destruir la capacidad de reproducción.

Mientras que los jóvenes diagnosticados con cáncer pueden congelar los el esperma, en los niños es imposible puesto que aún no han alcanzado un desarrollo adecuado en su organismo para poder procrear.

En el caso de las mujeres y niñas, los óvulos pueden seer congelados desde la niñez, pues desde que nacen los óvulos son parte del cuerpo femenino, incluso los ovarios se pueden extirpar para congelarse.

Ante esta situación científicos han estudiado y desarrollado diferentes técnicas que permitan que los menores sobrevivientes al cáncer puedan convertirse en padres si así lo desean y cuando estén preparados para ello.

Así nació “Baby Grady” el primer primate nacido gracias al uso de muestras obtenidas de los testículos de su padre, antes de éste alcanzara la madurez sexual.

La técnica fue detallada en la revista Science y sus desarrolladores aseguran que podrá usarse en humanos.

Científicos de la Universidad de Pittsburgh y del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano (National Institute of Child Health and Human Development) en Estados Unidos, comenzaron su estudio con cinco macacos Rhesus machos.

Los monos, cuya maduración sexual aún no había llegado, no producían esperma.

Los investigadores extrajeron un testículo de cada animal, lo cortaron en pequeñas secciones y colocaron los fragmentos en hielo para su criopreservación o preservación en frío.

Cerca de seis meses después, se dio a los monos un tratamiento para que fueran infértiles.

Los fragmentos fueron descongelados e insertados debajo de su piel, cuando llegó la pubertad de los primates, el tejido insertado también maduró y creció.

Al examinar el tejido, los científicos constataron que “había esperma”, según explicó Kyle Orwig, investigador de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh.

Con el semen fertilizaron un ovocito ( célula germinal femenina que está en proceso de convertirse en un óvulo maduro) y el resultado fue el nacimiento de Grady, una macaco Rhesus bebé.

La efectividad del tratamiento es alta, ocho de cada 10 injertos de testículo produjeron semen.

Los científicos fertilizaron 138 ovocitos usando una técnica llamada inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI, por sus siglas en inglés).

Se trata de una técnica de reproducción asistida que consiste en la fecundación de los ovocitos a través de la inyección de un espermatozoide en su citoplasma.

Cerca de cuatro de cada 10 ovocitos fertilizados llegaron a la etapa inicial embrionaria.

Un total de 11 embriones fueron implantados en hembras de macaco Rhesus, lo que resultó en un embarazo y una bebé saludable.

Los científicos consideran que muy pronto esta técnica podrá usarse en humanos, pues lograra el nacimiento del mono es un gran paso.

En el caso de algunos niños con cáncer, sus médicos ya congelan tejido testicular con la esperanza de que la ciencia avance y algún día puedan ser padres.

El mayor riesgo de esta técnica es que el paciente vuelva a desarrollar cáncer, por ello los médicos deben asegurarse que el material extraído no esté dañado.

Algunos médicos esperan ver al menos dos nacimientos más para confiar en plenitud en la técnica. También subrayan la importancia de hacer más estudios al utilizarla en humanos.

Con información de BBC Mundo

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