
Cada invierno, Harbin convierte el frío extremo en una ciudad de hielo monumental, un festival internacional de arte efímero destinado a desaparecer con el deshielo.
En el noreste de China, donde las temperaturas invernales descienden por debajo de los –30 grados, la ciudad de Harbin transforma el clima extremo en el eje de uno de los festivales más singulares del mundo. Cuando el río Songhua se congela por completo, comienza la construcción de una urbe paralela hecha únicamente de hielo y nieve, concebida desde su origen para ser temporal.
Harbin, capital de la provincia de Heilongjiang y cercana a la frontera con Rusia, se convierte durante el invierno en el escenario del Festival Internacional de Esculturas de Hielo y Nieve, considerado el más grande de su tipo a nivel global. Miles de trabajadores y artistas extraen del río enormes bloques de hielo natural, algunos de hasta 250 kilos, para dar forma a palacios, murallas, templos, torres y avenidas completas. No se utilizan materiales artificiales: el hielo se corta, se talla y se ensambla con herramientas básicas y agua caliente, que actúa como adhesivo.
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Al caer la noche, las estructuras adquieren una nueva dimensión. Sistemas de iluminación LED bañan las construcciones con colores intensos que se reflejan en el suelo congelado, mientras fuegos artificiales y recorridos nocturnos convierten el paisaje en una experiencia visual que atrae a millones de visitantes. Familias, turistas y parejas recorren un entorno donde el hielo sustituye al concreto y la luz define el espacio urbano.
El festival se organiza en grandes zonas temáticas que funcionan como distritos de esta ciudad efímera. El Mundo de Hielo y Nieve concentra las edificaciones monumentales y los recorridos principales. La Isla del Sol está dedicada a esculturas de nieve de gran formato, donde destacan el volumen y la textura sobre el color. El Parque Zhaolin conserva el origen tradicional del evento, con linternas de hielo que evocan símbolos culturales y escenas cotidianas.
La creación artística en estas condiciones exige precisión y resistencia. Las bajas temperaturas afectan herramientas, materiales y cuerpos, y cualquier error puede comprometer la estabilidad de una estructura completa. Aun así, la ingeniería detrás del festival permite que las obras resistan el viento y el peso durante semanas, aunque su destino final sea inevitable.
Con la llegada de la primavera, el deshielo marca el cierre del evento. Las esculturas pierden definición, algunas estructuras se desmontan por seguridad y el hielo regresa al río del que fue extraído. En esa temporalidad reside el sentido del festival: obras monumentales que no buscan perdurar, sino existir plenamente por un breve periodo.
Harbin ha hecho de lo efímero una identidad cultural y una fuerza turística internacional. Cada invierno construye un mundo imposible y, cada año, acepta su desaparición como parte esencial de su valor artístico y simbólico.







