La innovación musical soviética tuvo nombre: Ígor Stravinski

La innovación musical soviética tuvo nombre: Ígor Stravinski
La innovación musical soviética tuvo nombre: Ígor Stravinski

Ígor Stravinski revolucionó la orquestación, quitaba o agregaba una nota a un motivo. Reinventó el ballet incorporando culturas, idiomas y literaturas.

Ígor Stravinski nació el 17 de junio de 1882 en Oranienbaum, mejor conocido hoy en día como Lomonósov, Rusia. Creció junto a su padre y su hermana mayor, durante la infancia vivió experiencias que revelarían al artista cosmopolita que sería en un futuro.

Su padre, Fiódor Stravinski era cantante de ópera en el Teatro Mariinski, a pesar de ello, Ígor comenzaría sus estudios en la rama de derecho, tiempo después cambiaría esta carrera por la composición.

Nikolái Rimski-Kórsakov, el compositor ruso más importante de su tiempo fue su maestro y le enseñó a Stravinski de una manera magistral. Derivado de sus estudios, Ígor sorprendería al empresario ruso Serguéi Diáguilev, reconocido fundador de los ballets rusos, por lo que le encargaría a Stravinski un ballet completo, siendo este: “El pájaro de fuego”.

Stravinski abarcó distintos estilos, de tal manera que revolucionó la orquestación. Reinventó el ballet incorporando culturas, idiomas y literaturas.

El músico ruso repensó el uso del motivo musical y el ostinato en el ballet “El pájaro de fuego”, pero estos elementos alcanzaron su punto más alto en “La consagración de la primavera”.

Lo que logró Ígor fue introducir permutaciones auditivas en las melodías: quitaba o agregaba una nota a un motivo sin tener en cuenta los cambios en la métrica.

El hambre por la literatura, acercó a Ígor al folklore ruso, la liturgia latina y la literatura inglesa.

A pesar de ser recordado de mejor manera por participar en los Ballets Rusos del empresario Serguéi Diáguilev, también colaboró con Picasso, Jean Cocteau y George Balanchine.

Theodor Adorno, un filosofo alemán que escribió sobre musicología, describió a Stravinski como un acróbata y habló de rasgos de esquizofrenia desorganizada y psicótica en varias de sus obras.

A día de hoy recordamos a este extraordinario compositor ruso con sus tres mejores obras, con las cuales logró reinventar el género del ballet.

La consagración de la primavera:

En esta obra se cuenta la historia que sucede en la Rusia antigua. El rapto y sacrificio pagano de una doncella al inicio de la primavera, la cual debía bailar hasta su muerte a fin de obtener la benevolencia de los dioses al comienzo de cada nueva estación.

Stravinski en este ballet innovó la corriente modernista francesa (una de las vanguardias de aquel momento). A pesar de ello el público no la recibió de manera positiva, sin embargo, los modernistas franceses quedaron maravillados.

Petrushka:

En este ballet nos hablan sobre Petrushka, una marioneta de paja y aserrín tradicional rusa. De carácter bufo y burlón, la cual cobra vida y desarrolla la capacidad de sentir.

Esta obra se caracteriza por el llamado “acorde Petrushka”, consistente en un acorde do mayor y fa sostenido mayor, tocados simultáneamente.

El pájaro de fuego:

Es un ballet en un acto y con dos escenas, está basado en leyendas rusas que se gestaron en el invierno de 1908 y 1909. Nos habla sobre la lucha entre Iván y un terrible ogro. Iván recurre al pájaro de fuego y libera a las princesas que el ogro tenía capturadas.

La música recuerda al color francés de Ravel, plagado de efectos y detalles, Stravinski también retomó elementos de su primera obra “Fuegos artificiales”.

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