Los jóvenes como agentes de cambio y progreso social

Los jóvenes como agente de cambio social
Los jóvenes como agente de cambio social

Fuera de la visión simplista de verlos como delincuentes en potencia o buenos para nada, los jóvenes son un activo esencial en el que vale la pena invertir

El 18 de diciembre de 2014 la Asamblea General de las Naciones Unidas determinó que cada 15 de julio sería el Día Mundial de las Habilidades de la Juventud, como expresa preocupación al elevado número de jóvenes desempleados, reconociendo que debe fomentarse la adquisición de habilidades para mejorar su capacidad en la toma de decisiones en relación con la vida y el trabajo.

Además de empoderar a los jóvenes en el acceso al mercado laboral en constante evolución, la resolución también invita a todos los Estados Miembros de la ONU, a las oficinas del sistema y otras organizaciones internacionales a implementar actividades educativas, campañas y actividades de voluntariado y concienciación.​

Actualmente el número de jóvenes (personas de entre 15 y 24 años de edad) en todo el mundo es de al menos 1,800 millones de seres humanos; siendo la generación de jóvenes más numerosa de la historia, de los cuales cerca del 90% viven en países en desarrollo.

Hecho que hace de vital importancia su participación activa en los esfuerzos de desarrollo sostenible para alcanzar sociedades sostenibles, inclusivas y estables, de cara a los objetivos de Youth 2030: Estrategia de las Naciones Unidas para la Juventud, ante desafíos como el cambio climático, el desempleo, la pobreza, la desigualdad de género, los conflictos y la migración.

Fuera de la visión simplista de verlos como delincuentes en potencia o buenos para nada, los jóvenes son un activo esencial en el que vale la pena invertir, dando paso así a un efecto multiplicador sin precedentes, aprovechando el bono generacional.

Datos de la ONU señalan que los jóvenes tienen hasta el triple de posibilidades de estar desempleados o desempeñar trabajos de baja calidad, en comparación con los adultos. Así como de enfrentarse a desigualdades en el mercado laboral, o en la complicada transición de la escuela a colocarse en el mundo del trabajo.

Situación que se agrava en el caso de las mujeres, que más comúnmente suelen estar subempleadas o enfrentan la brecha salarial de género, entre otras irregularidades.

Por eso, invertir en educación y desarrollo para los jóvenes es crucial para que estos eleven sus aptitudes y competencias básicas de alfabetización y cálculo, teniendo así más posibilidades de éxito a la hora de buscar empleo y defender sus derechos. Contribuyendo activamente a la resiliencia de sus comunidades, proponiendo soluciones innovadoras que impulsen el progreso social tanto en las zonas urbanas como rurales.

Y es que, la manera en que se aprovechan los cambios demográficos que se están produciendo en todo el mundo, así como el modo en que los jóvenes orientan su transición hacia la edad adulta, son cruciales para el progreso de la humanidad y la salud del planeta.

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