¡Ponte el cubrebocas! Enfermero advierte que la rehabilitación para pacientes intubados es larga

Enfermero advierte que la rehabilitación para pacientes intubados es larga
Enfermero advierte que la rehabilitación para pacientes intubados es larga

Personal del INCMNSZ explica que el 70 % de pacientes intubados que logran sobrevivir a la terapia crítica, no salen caminando a casa

En las últimas semanas, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ) alcanzó una tasa de mortalidad de 30 % en enfermos críticos e intubados, una de las más bajas del país y similar a las del primer mundo, cuando al inicio de la pandemia el 22 de abril, Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, aseguró que hasta 80 % de estos pacientes podría fallecer.

Hasta el 13 de septiembre en el instituto se atendió a cuatro mil 627 pacientes positivos para coronavirus.

¿Pero cómo en el INCMNSZ se ha alcanzado una tasa de mortalidad de 30 %? En primer lugar, los médicos que ingresan son prácticamente los 30 mejores lugares del Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM) que presentan cada año alrededor de 30 mil alumnos de todo el país.

Han ganado premios de excelencia por su labor y méritos académicos. Los doctores adscritos se han especializado en el extranjero y complementado su profesión con maestrías, subespecialidades y posdoctorados.

Este instituto, que nació en 1946, fue el primero en América Latina en obtener la certificación de calidad AAHRP en 2013, que lo colocó al mismo nivel de calidad de investigación clínica que las universidades más prestigiosas, como Harvard y Yale.

Eduardo Corona, de 29 años, es residente de medicina interna de cuarto año y el mejor promedio de su generación. El agosto ganó el Premio Juventud de BC, de donde es originario, por logro académico, en el que se postularon 170 jóvenes.

“El 30% de mortalidad en pacientes críticos e intubados se debe al manejo multidisciplinario entre intensivistas, internistas, infectólogos, nefrólogos y muchas otras especialidades médicas, así como por la entrega total, por parte del servicio de enfermería”, explicó.

Además de que en Nutrición hay un mayor número de médicos que de camas de hospitalización, garantizando una atención centrada en el paciente. Previo a la emergencia por el COVID-19 se contaba con 167 camas, mientras que en enseñanza había unos 350 residentes, sin contabilizar a los médicos adscritos.

Esta tasa de mortalidad que ha alcanzado el instituto de 30% en pacientes críticos e intubados es motivo de orgullo porque, en otros hospitales la mortalidad está por arriba de 80 por ciento.

“Una de las mayores lecciones para aprender de la pandemia es sacar vivos a los pacientes con ventilador. Hay hospitales que no sacan, literalmente, ni uno solo vivo. Es resultado del abandono en que hemos tenido a las terapias intensivas y a sus especialistas”, dijo el infectólogo Alejandro Macías en su Twitter, egresado del INCMNSZ y zar de la epidemia de influenza H1N1 en 2009.

A pesar de que la tasa de mortalidad en Nutrición es similar al primer mundo, no deja de abrumar a los médicos la alta letalidad con la que esta pandemia sorprendió a la humanidad.

“No estábamos acostumbrados a enfrentar que nuestros pacientes murieran tan frecuentemente. La mortalidad antes de la pandemia en el INCMNSZ era menor a 2%”.

Ejemplificó que “la bomba atómica de Nagasaki mató entre 39 mil y 80 mil personas; hasta el 22 de septiembre teníamos en México 74 mil 348 defunciones por covid-19”.

En el vestidor del hospital Eduardo se coloca su equipo de protección. Antes de ingresar al área covid-19 comentó que si la población fuera testigo de lo que ellos ven a diario se la pensarían dos veces antes de asistir a sitios aglomerados o salir sin cubrebocas.

A los pacientes intubados se les mantiene boca abajo para que fluya mejor su oxigenación, pero esa posición les provoca llagas y lesiones que los dejan irreconocibles hasta que la inflamación cede, a pesar de que el rostro lo protegen con almohadillas de hidrocoloide primario.

Covid-19 no es sólo una enfermedad pulmonar, es un padecimiento multiorgánico. En ocasiones se requiere de diálisis si hay falla renal, medicamentos derivados o precursores de la adrenalina para mantener la presión, antibióticos en caso de sobreinfección bacteriana, entre otros. 

Poco se habla de las complicaciones médicas en pacientes intubados que logran sobrevivir y son dados de alta.

“Es importante entender que ese 70 % que logra sobrevivir a la terapia crítica en el instituto no sale caminando a casa”, afirmó Eduardo.

Algunos familiares que son capacitados por servicios como inhaloterapia, nutriología clínica y el equipo médico tratante para atender a sus pacientes en casa, han llegado a comentar a los médicos que prefieren dejarlos en el hospital antes que llevárselos en esas condiciones.

Una vez que la ventilación ya no es necesaria y el virus cedió es muy peligroso dejarlos internados, por el riesgo de contraer microorganismos particulares que existen en los hospitales.

A veces, pacientes que estuvieron intubados son dados de alta con una perforación en la garganta por la traqueostomía que les realizaron.

“Estos pacientes que fueron intubados y sobrevivieron, en su mayoría son hombres de entre 50 y 60 años, que seguramente son jefes de familia y no van a poder regresar a laborar a corto plazo. Su rehabilitación puede durar meses, incluso años. Tendremos que hacer grandes esfuerzos para lograr reintegrarlos a la sociedad”, explicó Corona.

El doctor Aguilar Salinas, director de la División de Nutrición del INCMNSZ, identificó en un artículo a la obesidad como un determinante de riesgo independiente para mortalidad en mexicanos con covid-19, por lo que pidió modificar los hábitos alimenticios.

“Se avecinan grandes retos para México, entre ellos, que eventualmente tendremos alguna de las más de 40 vacunas en actual desarrollo, pero la vacunación nos tomaría casi dos años para tener cubierto a todo el país, eso si, por ejemplo, vacunáramos a 6 millones de personas por mes”, dijo Corona.

Concluyó que todavía queda un largo camino por recorrer, miles de enfermos por atender, muchas muertes más por lamentar y aun así, al día de hoy, no podemos hablar de una segunda ola por coronavirus, porque la primera aún no ha terminado.

Con información de Claudia Solera

IPR

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