¡Santa Semana, Santo!

¡Santa Semana, Santo!
¡Santa Semana, Santo!
¡Santa Semana, Santo!
¡Santa Semana, Santo!

En unos días, católicos y ateos tomarán religiosamente un descanso por las vacaciones de Semana Santa, lo que abarrotará playas y ciudades de todo el país con personas que querrán disfrutar, descansar y pasarla bien. Sin embargo, a diferencia del protagonista de la pasión, quienes se excedan y rompan límites, no tendrán la oportunidad de resucitar al tercer día.

Después de lo sucedido en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México en donde un BMW se partió en miles de piezas después de toparse con un poste a más de 180 km/h dejando como resultado a un ebrio vivo y cuatro pasajeros muertos, muchas cosas quedan a la reflexión.

De entrada, que no es el primero ni será el último de los accidentes de ese tipo. Pues el ser humano no escarmienta en cabeza ajena. Pues a lo largo del tiempo, los medios de comunicación hemos dado a conocer accidentes similares con fatales consecuencias que indignan y preocupan por un tiempo y luego quedan en el olvido, como seguramente pasará con este último y desgarrador caso.

Pero, podemos intentar aprender algo de esto. Más nos vale.

De entrada, qué lleva a una persona a tomar alcohol hasta perderse y decidir manejar su auto siendo más fácil llegar e irse en taxi. Entre otras cosas, porque vivimos en una sociedad basada en propiedad. Mientras dependamos del “como me ven, me tratan” estaremos destinados a presumir o aparentar. En tanto un cadenero sea quien decida si paso o no paso al antro de moda, tendré que usar mis mejores herramientas para que -en algunos casos- una persona más ignorante y menos preparada que el cliente, decida quién es digno de gastar su dinero en el establecimiento de alguien más.

En el caso de las victimas, poco podemos decir, pues hacer juicios de quien ya no puede defenderse es poco ético. Sin embargo, de los vivos sí podemos cuestionar. El no poder superar la prueba del “yo puedo todavía” y decidir tomar el volante estando ebrio habla de ignorancia pura, pues el alcohol ataranta pero no toma decisiones. O como diría aquel dicho: no hay borracho que trague lumbre.

De los caídos sólo resta expresar dos teorías. Aquella que dice que somos producto de nuestras decisiones y otra más cósmica que reza: en esta vida si te toca, aunque te quites y si no, aunque te pongas.

Sobre la responsabilidad de los antros o el valet para darle las llaves a un borracho, será mera conciencia propia y las ganas de querer hacer comunidad en beneficio mutuo. Pero para eso quizá nos falten años de evolución.

Al final, lo único que nos queda es cuidarnos los unos de los otros. Pedir el Uber o Cabify más caro para que el de la cadena del antro crea que somos clientes dignos. Y tener en cuenta que cada vez hay más ojos y oídos en todas partes a través de cámaras y micrófonos, listos para dejar legado de nuestros descuidos que podrán llevarnos a la cárcel o a la tumba sin que podamos hacer algo para cambiar la situación.

Al estar detrás del volante tenemos que entender que manejar es una responsabilidad. Que un coche puede lastimar a las personas y que podemos cambiarle la vida a alguien más por mera estupidez. Así que, si manejas, no tomes. Y si tomas, toma un taxi.
EN LA GUANTERA: La polémica de las fotomultas sigue dando pie al debate. Lo cierto es que al menos entre los sobrios, bajar la velocidad para evitar una sanción sigue siendo algo más positivo que negativo. Al tiempo quedará si el actuar del gobierno en un uso honesto de estos dispositivos llevará la medida al éxito total o a pan con lo mismo.

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