SIDA: la pandemia del Siglo XX

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Día Mundial del SIDA, del origen al pandemia que no logramos eliminar en 2017

A pesar de los avances médicos y de la apertura en la educación respecto a este tema, al escuchar aún en la actualidad la palabra SIDA, el miedo, la incomodidad y la idea de probable muerte, se asoman a la mente de todos. Por eso es importante hacer una rápida revisión desde el origen.

El SIDA es una enfermedad viral caracterizada por la ausencia de respuesta inmunitaria. El término es el acrónimo de Síndrome de Inmuno-Deficiencia Adquirida. El VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) es el virus que causa la enfermedad conocida como SIDA.

A medida que la infección progresa, interfiere más con el sistema inmunitario, aumentando el riesgo de infecciones comunes como la tuberculosis, además de otras infecciones oportunistas y tumores que raramente afectan a las personas con un sistema inmunitario indemne. Estos síntomas tardíos de infección se conocen como Sida, etapa que también está asociada con pérdida de peso.

La forma más común de contagio del VIH es por sexo desprotegido, transfusiones de sangre contaminada, agujas hipodérmicas y de la madre al niño durante el embarazo, parto o lactancia. Algunos fluidos corporales, como la saliva y las lágrimas, no transmiten el VIH.

Entre los métodos de prevención se encuentran el sexo seguro, los programas de intercambio de agujas, el tratamiento a los infectados y la circuncisión. La infección del bebé a menudo puede prevenirse al dar medicación antirretroviral tanto a la madre como el niño.

No hay ninguna cura o vacuna hasta el momento; no obstante, el tratamiento antirretroviral puede retrasar el curso de la enfermedad y puede llevar a una expectativa de vida cercana a la normal. Se recomienda iniciar el tratamiento apenas se haga el diagnóstico. Sin tratamiento, el tiempo de sobrevida promedio después de la infección es 11 años.

Un poco de historia

La era del sida empezó oficialmente el 5 de junio de 1981, cuando los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) —Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos— convocaron una conferencia de prensa donde describieron cinco casos de neumonía por Pneumocystis carinii en Los Ángeles.

Al mes siguiente se constataron varios casos de sarcoma de Kaposi, un tipo de cáncer de piel. Las primeras constataciones de estos casos fueron realizadas por el Dr. Michael Gottlieb de San Francisco.

Pese a que los médicos conocían tanto la neumonía por Pneumocystis carinii como el sarcoma de Kaposi, la aparición conjunta de ambos en varios pacientes les llamó la atención. La mayoría de estos pacientes eran hombres homosexuales sexualmente activos, muchos de los cuales también sufrían de otras enfermedades crónicas que más tarde se identificaron como infecciones oportunistas.
Las pruebas sanguíneas que se les hicieron a estos pacientes mostraron que carecían del número adecuado de un tipo de células sanguíneas llamadas T CD4+. La mayoría de estos pacientes murieron en pocos meses. Por la aparición de unas manchas de color rosáceo en el cuerpo del infectado, la prensa comenzó a llamar al sida, la «peste rosa», causando una confusión, atribuyéndola a los homosexuales, aunque pronto se hizo notar que también la padecían los inmigrantes haitianos en Estados Unidos, los usuarios de drogas inyectables y los receptores de transfusiones sanguíneas, lo que llevó a hablar de un club de las cuatro haches que incluía a todos estos grupos considerados de riesgo para adquirir la enfermedad.
En 1982, la nueva enfermedad fue bautizada oficialmente con el nombre de Acquired Immune Deficiency Syndrome (AIDS), nombre que sustituyó a otros propuestos como Gay-related immune deficiency (GRID).

Hasta 1984 se sostuvieron distintas teorías sobre la posible causa del sida. La teoría con más apoyo planteaba que el sida era una enfermedad básicamente epidemiológica. En 1983 un grupo de nueve hombres homosexuales con sida de Los Ángeles, que habían tenido parejas sexuales en común, incluyendo a otro hombre en Nueva York que mantuvo relaciones sexuales con tres de ellos, sirvieron como base para establecer un patrón de contagio típico de las enfermedades infecciosas.

SIDA en el 2017

  • 20,9 millones de personas tenían acceso a la terapia antirretrovírica en junio de 2017.
  • 36,7 millones [30,8 millones–42,9 millones] de personas vivían con el VIH en 2016 en todo el mundo.
  • 1,8 millones [1,6 millones–2,1 millones] de personas contrajeron la infección por el VIH en 2016.
  • 1 millón [830.000–1,2 millones] de personas fallecieron a causa de enfermedades relacionadas con el sida en 2016.
  • 76,1 millones [65,2 millones–88,0 millones] de personas contrajeron la infección por el VIH desde el comienzo de la epidemia.
  • 35,0 millones [28,9 millones–41,5 millones] de personas fallecieron a causa de enfermedades relacionadas con el sida desde el comienzo de la epidemia.

Personas que viven con el VIH

  • En 2016, 36,7 millones [30,8 millones–42,9 millones] de personas vivían con el VIH.
  •  34,5 millones [28,8 millones–40,2 millones] adultos
    • 17,8 millones [15,4 millones–20,3 millones] mujeres (mayores de 15 años)
    • 2,1 millones [1,7 millones–2,6 millones] niños (menores de 15 años)

El VIH y la tuberculosis

  • La tuberculosis continúa siendo la principal causa de muerte entre las personas que viven con el VIH, y es responsable de aproximadamente una de cada tres muertes relacionadas con el sida.
  • En 2015, hubo aproximadamente 10,4 millones de casos de tuberculosis en todo el mundo, donde se incluyen 1,2 millones [11%] de personas que vivían con el VIH.
  • Las muertes relacionadas con la tuberculosis entre las personas que vivían con el VIH descendieron un 33% de 2005 a 2015.
    • Sin embargo, aproximadamente un 60% [57%] de los casos de tuberculosis entre las personas que vivían con el VIH no recibieron ningún diagnóstico o tratamiento, lo que causó 390.000 muertes relacionadas con la tuberculosis entre las personas que vivían con el VIH en 2015.

ONUSIDA estima que se necesitarán 26.200 millones de para dar “una respuesta más eficaz” en 2020, y otros 23.900 millones en 2030.

El pasado mes de junio se hacía pública la nueva Declaración Política adoptada por los estados miembros de Naciones Unidas para poner fin al sida como amenaza para la salud pública en 2030. Esta declaración incluye un conjunto de objetivos y acciones específicos y con plazos concretos que deben alcanzarse si el mundo desea acelerar la respuesta y poner fin a la epidemia.

El África subsahariana enfrenta la carga más grande del VIH/SIDA a nivel mundial, representa el 65 % de todas las nuevas infecciones por el VIH. Otras regiones afectadas de manera significativa son Asia y el Pacífico, Latinoamérica y el Caribe, y Europa Oriental y Asia Central.

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