Benny, una vida dedicada al entretenimiento

Benny, una vida dedicada al entretenimiento
Benny, una vida dedicada al entretenimiento

Casi cuatro décadas de carrera le han servido a Benny para preparar su personaje en “Novecento”, esperando que sea rato en la que la gente se desconecte de su cotidianidad y se conmueva

Parte de una familia que ha dejado un importante legado en el espectáculo y entretenimiento en México, Benny es un hombre próximo a cumplir 50 años de edad, lo cual revela le genera emoción por la aventura de descubrir que le depara la segunda parte de su vida.

Músico, cantante, productor, compositor, arreglista y actor, es referente de una generación de mexicanos al ser integrante original de Timbiriche, además de su larga trayectoria como solista que abarca varios discos, películas y obras de teatro. 

En entrevista para PacoZea.com con motivo de “Novecento”, monólogo en el que da vida a un legendario y extraordinario del que se cuenta que nunca ha descendido de “El Virginia”, un transatlántico de principios del siglo XX, que recorre los mares de Europa a América.

Teniendo enfrente a un personaje con casi cuatro décadas de carrera, fue imposible no preguntarle de todo un poco, por lo que comenzamos la conversación trayendo a la memoria las historias de su abuelo, Luis de Llano Palmer, parte de la comunidad de españoles que llegaron exiliados tras la Guerra Civil de 1939, pionero de la radio y televisión en México: “el abuelo”.

Refiriéndose a él como un ser muy profundo, divertido y generoso, con una sensibilidad y un ojo para observar la vida, pudiendo reinventarse después de que le estallara una guerra en la cara cuando vivía en España, hijo de un general que escapaba del arquetipo del militar.

Al hablar del hombre que marcó la pauta para buena parte de lo que vemos en la actualidad en las pantallas televisivas, se le ilumina la cara al contar lo mucho que lo disfrutó en su relación filial, desenado que lo hubiera visto en “El hombre de la mancha” y en “Novecento”.

“Curiosamente ambas historias tienen paralelismos con la historia del abuelo. “El hombre de la mancha” pues no se diga, un español flaco como era mi abuelo, sobre todo al final de sus días, creativo que juraba por el arte como la herramienta más importante de la comunicación humana. Y ahora “Novecento” que, como el abuelo, un personaje creativo que anda por el mundo en un barco”.

Con todos estos antecedentes y dado que además de Luis de Llano Palmer, también es nieto de la reconocida actriz Rita Macedo, es hijo de la cantante, actriz y productora Julissa y sobrino del productor de telenovelas Luis de Llano Macedo; entre otros reconocidos integrantes de su familia, fue inevitable preguntarle qué se siente ser Benny.

“Depende el día y la hora del día. Siento que, a esta edad, en estos momentos de mi vida es un privilegio y es una responsabilidad; es algo que me libera y de lo que estoy muy orgulloso, y al mismo tiempo que pesa”.

Relata que haber empezado una carrera, tan pequeño y de manera tan profesional, ha tenido la oportunidad de madurarla, alimentarla, cuidarla y procurarla con el paso del tiempo. Sintiéndose muy orgulloso de sus decisiones, las buenas y las malas, sin darle la vuelta a la palabra fracaso porque “a nadie más que a un artista le enseñan esos fracasos, entonces no dejan de ser grandes maestros”.

Reconociendo que ha trabajado mucho a lo largo de su vida, lo cual asegura decirlo sin recelo sino con mucho orgullo, sabedor de que es un hombre que se ha preparado mucho y sigue haciéndolo, que se ha codeado con los grandes, mismos a los que les ha hecho preguntas que le han permitido madurar con sus respuestas.

Agradecido de haberse medido lo mismo para públicos de 250 personas como el caso del Teatro Milán o para 120 mil en el Zócalo de la Ciudad de México, “y que después de todo ese andar por la vida, aún sigue entendiendo que esta es una carrera en la que se empieza de cero constantemente”.

Sabiendo que tiene mucho por crecer, que su mejor disco aún no llega, que su mejor canción está por escribirse, “es una vida de muchas responsabilidades -la mayoría que me impongo a mi mismo-, pero cuando volteo y veo a ese niño de once años que empezó a cantar o cuando veo a ese niño de catorce años que decidió salirse de la banda más importante de pop -ahora lo vemos así-, para irse a estudiar música y platico con el Benny que a los veinte decidió empezar a hacer discos… me caigo bien”.

“Sin duda siempre hay espacio para mejorar, pero estoy orgulloso de lo que he aprendido y también de darme cuenta que los retos que vienen se van a poner intensos, se van a poner buenos. Le tengo muchas ganas a la siguiente parte de mi vida”.

Definiendo el desapego como la mayor enseñanza que tuvo cuando decide abandonar Timbiriche para irse a vivir a Boston a estudiar en la Walnut Hill School for the Arts de 1985 a 1989 y en el Colegio de Música de Berklee en Boston en 1990, de darse cuenta que es una carrera en la que se empieza de cero constantemente.

“Yo venía de estar tocando en estadios, de ser Benny el de Timbiriche y de repente me convertí en Benny el que no hablaba bien inglés, Benny el que tenía que audicionar para estar en un papel, Benny el que tenía que defenderse con su propio talento sin todo el aparato y toda la parafernalia de Timbiriche”.

Reflexionando que todo eso le enseño que podía valerse y salir adelante por su propio talento, por su propio esfuerzo y el trabajo el equipo para potencializar el trabajo de sus compañeros procedentes de varias culturas, como garante de que así tendría un aprendizaje.    

Viendo de frente todos estos vaivenes que han conformado su historia, le pregunto cómo el Benny humano de hoy en día asimila que junto con otros seis compañeros marcó a tantos.

“Con mucho orgullo y con mucha responsabilidad. Cada vez que tenemos oportunidad de jugar con el repertorio de Timbiriche nuevamente y juntarnos nuevamente sabemos que la vara está muy alta porque además somos los productores de Timbiriche desde hace veinte años”, responde.

A lo que añade, “somos quienes le damos voz y le damos camino a lo que pasa en ese escenario, los seis nos sentimos muy bendecidos y al mismo tiempo muy responsables de que heredar uno de los repertorios más generosos e importantes de la música contemporánea de este país es una gran responsabilidad”.

Benny explica que él y Sasha Sökol, Mariana Garza, Alix Bauer, Erik Rubín y Diego Shoenning, saben que Timbiriche va más allá de sus canciones, que es una manera de entender a México, a “otro México que añoramos, que extrañamos quienes lo vivimos”.

Así, con sus cosas buenas y malas, asegura que Timbiriche no deja de ser un oasis en el corazón de las personas que crecieron con esas canciones y con esos mensajes. “Un grupo que siempre tiró buena onda, positivo, incluyente, amoroso. Un grupo que siempre puso en la cabeza de todos, mantras como amor para ti, amor para ti, de mi para ti sin fin, o la vida es mejor cantando”.

“Timbiriche, bajita mano, era un grupo de pop infantil pero no dejaba de tener filo, onda, huevos, actitud. Y esa bandera cambió vidas. Timbiriche fue y es un grupo que sigue abanderando un mensaje musical que no solamente ha heredado la generación Timbiriche, sino que las nuevas generaciones lo siguen abrazando como música importante y esa es nuestra gran responsabilidad”.

De esta forma, todo lo vivido todos estos años, le ha servido para preparar su personaje en “Novecento”, esperando que sea una hora y cuarto en el que la gente se desconecte de su cotidianidad, de su celular y redes sociales para disfrutar “una historia entretenida, divertida, conmovedora y hermosa, pero que al mismo tiempo no deja de ser un gran espejo para que la gente se refleje en esta puesta en escena, en esta propuesta artística”, además de apoyar el teatro que requiere del apoyo del público.

“Novecento” cerró temporada 2019 en el Teatro Milán, continuará su gira en 2020, teniendo como próxima parada el viernes 24 de enero en la Sala de Espectáculos del Centro Cultural Tijuana (CECUT).

La entrada a “Novecento” tiene un costo de 500.00 y 300.00 pesos, y los boletos están a la venta en las taquillas del CECUT, a donde los interesados deben acudir para garantizar los mejores lugares.

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