
Un hallazgo científico identifica una proteína capaz de activar el fortalecimiento óseo sin ejercicio, lo que abre nuevas vías contra la osteoporosis
Un equipo internacional de científicos identificó un mecanismo molecular que permite al cuerpo transformar el movimiento físico en huesos más fuertes, un descubrimiento que podría cambiar el tratamiento de la osteoporosis y de la pérdida ósea asociada al envejecimiento o la inmovilidad prolongada.
La investigación fue encabezada por especialistas de la Universidad de Hong Kong y publicada en la revista Signal Transduction and Targeted Therapy. El estudio señala a la proteína Piezo1 como un sensor clave dentro del organismo, capaz de detectar estímulos mecánicos derivados del ejercicio y convertirlos en señales biológicas que favorecen la formación de tejido óseo.
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Piezo1 actúa dentro de las células madre mesenquimales de la médula ósea, responsables de generar hueso, cartílago y grasa. Cuando estas células perciben movimiento, la proteína se activa y orienta su desarrollo hacia la producción de hueso nuevo, al tiempo que frena la acumulación de grasa en la médula. En ausencia de esta señal, el proceso se invierte y el debilitamiento óseo se acelera.
“Básicamente hemos decodificado cómo el cuerpo convierte el movimiento en huesos más fuertes”, explicó Xu Aimin, profesor del Departamento de Medicina de HKUMed y líder del estudio. “Al activar la vía de Piezo1, podemos imitar los beneficios del ejercicio, engañando al cuerpo para que piense que está haciendo actividad física incluso sin movimiento”.
Los investigadores también identificaron un vínculo directo entre la pérdida de Piezo1 y el aumento de procesos inflamatorios. Cuando la proteína no funciona correctamente, se liberan señales como Ccl2 y lipocalina-2, que favorecen la conversión de las células madre en tejido graso y dificultan la regeneración ósea. Al bloquear estas señales en modelos experimentales, la salud del hueso mostró una mejora significativa.
Este mecanismo ayuda a explicar por qué la inactividad prolongada —como en hospitalizaciones largas, lesiones graves o enfermedades crónicas— suele estar asociada a una rápida pérdida de masa ósea y un mayor riesgo de fracturas.
La necesidad clínica es considerable. Datos de la Organización Mundial de la Salud indican que una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirá una fractura relacionada con fragilidad ósea. En regiones con poblaciones envejecidas, como Hong Kong, la prevalencia de osteoporosis alcanza a 45% de las mujeres y 13% de los hombres mayores de 65 años.
“Este descubrimiento es especialmente significativo para personas que no pueden hacer ejercicio debido a fragilidad, lesiones o enfermedades crónicas”, señaló Wang Baile, profesor asistente de investigación y coautor del estudio. “Nuestros hallazgos abren la puerta al desarrollo de ‘miméticos del ejercicio’, fármacos capaces de activar químicamente la vía Piezo1”.
Aunque los especialistas subrayan que ningún medicamento sustituye por completo al ejercicio físico, el hallazgo plantea una alternativa terapéutica innovadora. El profesor Eric Honoré, del Centro Nacional Francés para la Investigación Científica, destacó que el estudio ofrece “una estrategia prometedora más allá de la terapia física tradicional”.
El siguiente paso será trasladar estos resultados a ensayos clínicos, con el objetivo de desarrollar tratamientos seguros que ayuden a preservar la masa ósea, reducir el riesgo de fracturas y mantener la autonomía funcional en personas con movilidad limitada.







