De chalecos amarillos y guindas

Francisco Zea

Imposible entender y escudriñar en la mirada de odio profundo de un grupo de jóvenes medio embozados que golpearon y patearon a un francés solitario y menudo que gracias a su agilidad pudo levantarse del suelo para correr como desesperado hasta que se salió del rango de estos salvajes, algunos con rasgos árabes, otros afroamericanos que ni siquiera repararon en que estábamos en mitad de su demostración de odio. Mientras lo golpeaban ferozmente le gritaban en un francés acentuado a quien sabe que lengua «sí se sentía más que ellos».

Imposible olvidar como a la Gendarmería Nacional se le olvidaban los principios sobre los cuales está fundada la República Francesa: «Fraternidad, Libertad e Igualdad» y de esta forma, con un lapsus legal materialmente desnudaban de forma socarrona a un negro del cual se mofaban mientras empujaban a los que trataban de grabar la escena, todo esto sobre una de las calles aledañas a los Campos Elíseos, Saint-Honoré, que en los días de furia se convierte en un infierno donde policías alejados de las lentes de los periodistas, olvidan su ejemplar comportamiento ante las hordas de desequilibrados que torturan a las marcas más representativas del capitalismo y del «kirschelitismo» cambia de forma radical y se convierten en auténticos trogloditas sedientos de la venganza que no pudieron tener en el campo de batalla.

Este campo de batalla sucede en los carriles centrales de la avenida que conduce al Arco del Triunfo uno de los monumentos más hermosos y representativos de París. Sí, ese en donde un aficionado mexicano apagó a «meadas» la llama del soldado desconocido cosa que, fue incluso tema de un incidente diplomático, pero que hoy vandalizado por los «chalecos amarillos» solo pueden acudir a quejarse a la embajada de la estupidez.  Mientras esto sucede, uno de los empujados por la policía, un tipo menudo y socarrón que fumaba marihuana metros atrás «bala» como desesperado, diciéndole a los policías que son ovejas a las órdenes del vituperado Macron.

Es muy triste ver como en varios lugares de los Campos Elíseos, incluso en pleno centro, con cualquier herramienta quitaron pavimento, adoquines y trozos de mármol para aventar a Louis Vuitton, Dolce Gabbana y Tiffany & Co mientras en México las señoras «fifis» (léase la señora de Díaz Ordaz, aunque después ande de tilichera en los Outlet)  o niñas “fifís” como Cuca Díaz que están más vacías de la azotea del estadio de Chivas, se llevaban las manos a los cachetes y desfiguraban su cara como el grito de Munch, o si no les da para saber que es eso, como el emoji que ponen para decirle a su amiga que el marido de la Chuchis tiene una amante mucho más joven y guapa que la Chata Corcuera.

Toda esta crónica la escribo aún con el gas lacrimógeno en los ojos y el sistema respiratorio, «moqueando» y con los ojos brillosos, no por héroe ni por mártir, si no por reportero «metiche». Con los sonidos de las bombas de gas y aturdidoras que semejan un campo de batalla para bajar la moral del enemigo, que ahora es una masa difícil de identificar.

Pero: ¿Quiénes son y qué quieren los «chalecos amarillos»? según un artículo de opinión del NYT, es un grupo espontáneo, reacción a la falta de condiciones para pagar las cuentas que detonó el aumento en los impuestos de la gasolina. Según el tarugo de Trump, son un grupo que reacciona al acuerdo de París y que quieren un Trump en lugar de un Macron, según Marine Le Pen, son nacionalistas de ultra derecha, según yo un grupo de gente heterogénea que está hasta la madre de una vida impuesta en donde los satisfactores son repartidos de forma injusta y el trabajo y las limitaciones les toca a ellos.

A todo esto, no entiendo por qué la emprendieron en contra de gente trabajadora. Pequeños locales que solo vendían comida o algunos artículos comerciales y los vandalizaron; no la emprendieron en contra del capitalismo global trapeado en las tiendas bien resguardadas. Dañaron cajeros que brindan servicio a la gente común, que vive en distintas zonas a las de ellos. Por eso no se puede leer con claridad a este movimiento que parece más bien, una explosión de tedio.

Y más preguntas, pero ahora para México: ¿Cuánto tiempo tiene el presidente López Obrador para que baje la gasolina? Dijo en el zócalo que no será inmediatamente sino en la medida de la inversión que haga en el sector energético. ¿Y si los factores externos como el precio del petróleo no lo permiten? ¿Tendremos nuestros «Chalecos Morenos» haciendo desmadre y medio sobre paseo de la Reforma? ¿Qué tan rápido y qué tan real será el cambio y el beneficio en el bolsillo de las familias mexicanas y qué tanta paciencia tiene un pueblo que ha sido presa de los rateros inmorales que nos han gobernado?  Por eso me pregunto y le pregunto a usted ¿Vendrán tiempos de los «Chalecos Guindas» en México? ¿Reaccionaremos igual que el pueblo francés?

 

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