Día de muertos en Huejutla

Francisco Zea
Francisco Zea

Este puente de muertos, extendido por la huevoneria en cara de escasez líquida aumentada por la poca visión del sustituto incompetente y enjuto al mando de la CDMX, nos deja muchas lecciones. En lo particular me tocó vivir una gran aventura que, lejos de sufrirla, agradezco. Mi jueves comenzó como siempre a las 4am, para encabezar mi noticiario, de ahí a radio y posteriormente traslado en coche a Pachuca para intentar llegar a un lugar mágico y maravilloso que está en el estado de Hidalgo, llamado Huejutla.

En donde, en estas fechas emblemáticas para los mexicanos, se celebra el famoso “Xantolo”, en Náhuatl quiere decir “día de todos los santos” y como en muchos otros rincones de la República Mexicana tiene cosas maravillosas. Por ejemplo en la plaza principal, bajo el cobijo del reloj monumental inaugurado en 1908 por un decreto de Porfirio Díaz que ordenaba relojes monumentales en cada plaza y puerto, además del ex-convento de San Agustin una construcción hecha con el estuco de la región, que tiene lodo, pasto, huevo y ante muchas cosas más.

Para comer hay todo un ritual, un platillo típico el “zacahuil” un “megatamal” hecho de maíz tatemado con chiles rojos y carne de puerco al que le pueden poner hasta un guajolote en piezas, lo envuelven en hoja de papatla, le ponen una lamina y alambre y de ahí al horno lo que hace que este platillo pueda mantenerse caliente por más de 20 horas. Las enchiladas también son un platillo maravilloso, verdes, rojas y hasta de ajonjolí. Cualquier variedad de tamales, pan de pueblo, chocolate del cual el gobierno del estado regala un kilo de azúcar y de cacao a cada familia. También se disfrazan cambiando de sexo para engañar a la muerte, como generosamente me compartió uno de los hijos predilectos de la entidad, el cantautor Jaime Flores, entrañable amigo y orgulloso de su pueblo.

Pero la verdadera magia de Huejutla, paradójicamente, no reside en sus tradiciones, sino en su gente. Gente maravillosa, trabajadora y sobre todo generosa. En Huejutla, cada puerta de casa es un morada para aquel que quiera festejar su pasado y quiera llevarse una probada de este mágico poblado en la huasteca hidalguense. Dice mi compadre Jaime Flores, que el diablo nació en Huejutla, pero que se fue al infierno por que estaba más fresco. El clima es complejo: lluvia y calor, pero paradójicamente se siente menos gracias a su gente, por que los pobladores hacen todo para que te sientas en casa y que cualquier problema se diluya.

Platicaba con el Gobernador Omar Fayad al respecto de los aspectos no tan conocidos de Hidalgo y me dio una gran explicación, desde el turismo futbolero hasta los lugares de aguas termales, pero sinceramente al final, nos enfocamos en entender que la gran transformación del estado tiene que ver con el tejido social. Con la bondad y solidaridad de la gente, con personas cuidando de personas, que logran que la ciudadanía recupere su lugar: el principal y central. Los esfuerzos de cualquier gobierno sino son acompañados por los ciudadanos, no rinden frutos. Reconozco el arduo trabajo de Omar Fayad, Gobernador de la entidad y de sus colaboradores como Eduardo Baños, el culto Secretario de Turismo de la entidad y de Israel Felix Soto Secretario Ejecutivo de la Política Pública, pero también reconozco que su trabajo sin la participación comprometida de la gente no darían frutos.

Lo he dicho siempre, se debe de criticar con dureza la incapacidad y la corrupción pero es una mezquindad no reconocer lo bueno. Y bueno sin duda es ir a un lugar mágico como Huejutla, conocer su maravillosa gente y tradiciones. Y es relevante copiar un modelo de amor y confianza, en donde los ciudadanos nos preocupemos por el de enfrente. En síntesis, así es como se pinta nuestro rescate como país y sociedad, restableciendo el amor entre los mexicanos. Es la oportunidad, es la forma en que podemos resurgir. Olvide los aeropuertos grandes y chicos, los políticos buenos y malo, el amor es lo que nos falta. Y el ejemplo de Hidalgo, en particular de Huejutla es un buen camino, bien Fayad.

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