La autonomía de la UNAM

Columna
Francisco Zea

No se puede acabar con la impunidad solapándola. No se puede acabar con el clima de violencia si se piden disculpas cuando se aplica la ley. Creo que los tiempos de ser políticamente correcto se agotaron. El país esta de por medio. Me refiero a los dos muertos derivados de la peleas por la distribución de droga el 24 de febrero en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Esto ha suscitado una importante y al mismo tiempo sin sentido discusión al respecto de la autonomía universitaria, al grado de escuchar declaraciones del líder de los trabajadores de la UNAM, Agustín Rodríguez, en el sentido de que las policías no deben de entrar a la Universidad por que los narcos no viven en la Máxima Casa de Estudios. Que hombre tan preclaro, que prócer tan comprometido con la clase trabajadora. Todo esto no sería importante sino dependiera de su sindicatos los elementos de vigilancia, los que a su vez no sólo toleran a los narcomenudistas, sino a la señora de las quesadillas y al de los “jochos de 3×6”. Los mismos que pusieron en tremendo riesgo a Axel Lara un valiente alumno de derecho que exhibió a los “alumnos o pseudo alumnos” que tomaban cerveza y fumaban marihuana en plena vista de los elementos de la heroica vigilancia de la universidad.

La autonomía de la universidad es regularmente confundida con soberanía. La UNAM no es un estado extranjero, y por ende no se suspende la aplicación y vigencia del Código Penal y del de Procedimientos Penales al interior. La autonomía de la universidad esta claramente explicada en la Ley Orgánica del 30 de diciembre de 1944. En esta legislación se establecen seis autoridades. Unas ejecutivas y otras técnicas y legislativas. Se establece que es una institución democrática pues en su gobiernos participan profesores y estudiantes. Una institución autónoma y nacional, descentralizada con plena capacidad jurídica, pero no ajena al estado mexicano, sino simplemente descentralizada del mismo. Esto no lo digo yo, se encuentra textual en la ley que comento. Para todos aquellos confundidos, desde el lamentable rector de la UNAM, pasando por el Gobierno Capitalino y terminando en Gobernación, les recomiendo ampliamente un extenso y magnífico estudio del Instituto de Investigaciones Jurídicas, de la misma casa de estudios, para que puedan comprender que la entrada de agentes armados al campus, en el marco de una diligencia ministerial, acompañados de peritos, ministerios públicos y hasta un abogado de la UNAM es un acto perfectamente legal.

De lo contrario la UNAM sería la mismísima “Dimensión Desconocida” en donde, por cruzar una raya, se entraría a un mundo de impunidad. Pues no tiene órganos de investigación y persecución del delito, ni tampoco podrían entrar los del estado. Y si, la UNAM, en específico el auditorio Justo Sierra, ahora irrespetuosamente para Sierra llamado Che Guevara, se ha vuelto el paraíso de la violencia. Lamentable las declaraciones de Enrique Graue que no entiende los límites y las razones de la autonomía no hacen más que incendiar más un problema que se conoce desde hace mucho.

Se pide por un lado al procurador Garrido que actúe y por el otro lado le ponen en la cara la autonomía mal entendida. Pues para Graue y Rodríguez, los problemas internos deben de desaparecer por arte de magia, pues la autonomía convierten a la UNAM en otro país en donde la ley son los vigilantes que el sindicato solapan.

Lo que es más, cuenta con antecedentes penales. Este vándalo, mintió ante la autoridad y falsamente se dijo estudiante de historia y de filosofía y letras.

En algo que nos pinta de cuerpo entero como país kafkiano, el falso declarante no tiene problemas con la ley, es un mártir auténtico y el agente de la PGJDF ha sido consignado por el delito de abuso de autoridad y lesiones. ¡El mundo al revés!

Un informe de inteligencia publicado por un medio de circulación nacional, ha revelado que al interior del Che Guevara se ocultan una buena parte de los anarquistas que rompen las protestas pacíficas, que también adentró se preparan todo tipo de elementos que sirven para agredir, como petardos y bombas molotov. El rector, guardián impoluto de la autonomía de la UNAM no puede ni pasar por la puerta de este auditorio, pues sabe lo que sucede en su interior y como le iría en caso de presentarse. ¿Para eso quiere la autonomía? ¿Para solapar a un grupo de delincuentes que se escuda en una dudosa calidad de estudiantes?

Para acabar de dejar claro mi punto, le pregunto al lector: ¿Si un asesino o ladrón es perseguido por la policía sobre Insurgentes Sur, puede entrar a la UNAM y en ese momento cesa la persecución? La respuesta es obvia y clara: !No¡ La autoridad esta obligada a perseguir al delincuente y aplicar la Ley.

Si piensan acabar con la impunidad y la violencia y regresarle a los mexicanos la tranquilidad que se ha perdido, si quieren las autoridades devolverle al ciudadano la confianza en ellas, deben de empezar por aplicar la ley y no estar pidiendo disculpas por cumplirla y nadie debe de reclamar para su institución un estado de excepción.

 

 

Be the first to comment

Opina

Tu email no será publicado .


*