Los sucesos más memorables de las Olimpiadas del 68

A 50 años de la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1968, hemos hecho un recuento de los sucesos más memorables.

El país vivió un clima de tensión e incertidumbre debido a los hechos ocurridos 10 días antes en la Plaza de las  Tres Culturas de Tlatelolco, cuando el Ejército reprimió con violencia una manifestación de estudiantes.

Por un momento se temió por la celebración de los juegos, pero con todas las miradas del mundo puestas en México se decidió seguir adelante con un evento deportivo que marcó un antes y un después en muchos aspectos del movimiento olímpico.

 

El histórico encendido del pebetero

Habían pasado 18 ediciones de las olimpiadas en las que únicamente hombres habían sido los encargados de encender el pebetero, el momento más esperado de todas las inauguraciones.

Pero eso cambió en México ´68, cuando en el Estadio Olímpico la joven corredora mexicana Enriqueta Basilio fue la primera mujer que encendió el pebetero de la historia olímpica.

La tarde de ese 12 de octubre, la joven de 20 años recibió la antorcha de un cadete militar y corrió por la pista y la escalinata hacia lo más alto de la tribuna este del estadio con 100.000 espectadores.

Entonces llegó el momento culminante: presentó la antorcha al público y a continuación realizó el encendido estirando el brazo sobre el pebetero.

Basilio participaba en la prueba de relevos de los 400 metros planos y en la carrera de 80 metros con obstáculos.

Pese a que no pudo acceder a las finales, su nombre quedó grabado en los libros del olimpismo por su histórico encendido.

 

 

Se rompió la barrera de los 10 segundos

En los juegos de México 1968 se rompieron 23 récords olímpicos, pero uno de los más memorables fue el del corredor de velocidad estadounidense James Hines.

Llegó a la final de los 100 metros planos a los 22 años e hizo historia al ser el primer hombre en lograr un registro oficial de menos de 10 segundos (9″95) en unos Juegos Olímpicos.

La hazaña generó cierta controversia debido a la altura sobre el nivel del mar que tiene la Ciudad de México.

Como el Comité Olímpico Internacional (COI) reconoce, la altura de más de 2.300 metros tuvo algo qué ver en las competencias de alto desempeño.

 

 

El gran salto

Otro deportista que usó la altura a su favor fue el estadounidense Bob Beamon.

El hombre de 22 años llegaba como el favorito para la prueba del salto de longitud, y no solo no defraudó a sus seguidores sino que impuso el récord de 8,90 metros en su salto.

Como el mismo Beamon explicó, tardó más de 15 minutos en entender lo que acababa de hacer, pues entre lo que demoraron los jueces en validar el salto y su desconocimiento del sistema métrico no le dejaban claro cuál era su marca.

Finalmente se dio cuenta que había superado el récord anterior por casi medio metro y fue tanta su euforia que lo llevó a caer sobre sus rodillas sobre la pista.

Su marca perduró 22 años como récord mundial y todavía no ha podido ser superada en unas olimpiadas.

 

 

 

Pruebas de dopaje y género

La edición olímpica de México 1968 fue la primera ocasión en la que los competidores fueron sometidos a pruebas antidopaje para detectar el consumo de substancias prohibidas.

El sueco Hans-Gunnar Liljenwall fue el primer sancionado, pues dio positivo a la prueba de alcohol, según el Comité Olímpico Sueco, y la medalla de bronce que ganó su equipo en pentatlón moderno tuvo que ser devuelta.

También en esos juegos se hicieron las hasta entonces inéditas pruebas de género para verificar el sexo de los competidores.

 

Transmisión vía satélite

Los juegos de México también marcaron precedente en el uso de innovaciones tecnológicas hasta el punto que fueron las primeras que se transmitieron por televisión vía satélite a todo el mundo.

En algunas de las 20 competencias deportivas también se implementaron dispositivos que hicieron más transparentes los resultados de los Juegos Olímpicos.

En atletismo, ciclismo, remo, canotaje, natación y competencias ecuestres por primera vez el tiempo oficial fue el del sistema electrónico, y ya no el medido manualmente.

En la natación se usaron paneles táctiles que registraban los tiempos intermedios y finales de los competidores con mejor exactitud que en las ediciones olímpicas anteriores.

En el atletismo se implementó el recurso del cronógrafo fotográfico, la imagen que captaba una cámara en la meta y que permitía ver quién había cruzado primero así fuera por una centésima de segundo.

 

 

 

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