Si perdemos a los niños, perdemos a México

Francisco Zea
Francisco Zea

Mi niñez aunque atribulada por las enfermedades de mis hermanos, la recuerdo con tranquilidad y con amor. Si bien conocí una gran cantidad de hospitales, brujos y curanderos para tratar de curar la distrofia de Ricardo y Mauricio, también estuve inmerso como cualquier niño en una gran cantidad de fantasías. De repente en el pasillo de la casa paterna era un gran pitcher de los Astros de Houston e imaginaba ganar una calurosa tarde de miércoles una serie mundial por el equipo de las estrellas, que paradójicamente, llegó el año pasado. Otro día era un fiero policía incorruptible que luchaba por detener a los malos. Otro día piloteaba un avión que se convirtió con el tiempo en una gran pasión e interés alterno.

Esto relatado en las líneas anteriores no es más que un recuerdo. Hoy le hemos robado a nuestros niños la tranquilidad y evaporado sus sueños. Hoy los niños tienen que practicar como tirarse al piso en caso de una balacera, como tranquilizarse si escuchan detonaciones de arma de fuego. Los cadáveres los dejan afuera de las escuelas y los pequeños ya están acostumbrados a la sangre y la violencia.

Era impensable en aquella época pensar en cuidarse de un balazo. A mí me estremeció leer en el periódico Excélsior en noviembre del 2016, Juan David Hernández Rojas, un niño de 11 años de edad, diseñaba una mochila blindada para protegerse en una balacera. El propio Juan relataba: “Se me ocurrió porque en mi ciudad las balaceras y robos son muy frecuentes lamentablemente…por eso inventé la mochila de seguridad. Una mochila con una placa de acero antibalas y un rastreador GPS enlazado al teléfono de los padres.

Un pequeño de 11 años que en lugar de jugar a ser Messi, está pensando en la forma de salvar su vida. Considero que un niño sin sueños, sin juegos y sin fantasía es un niño que está perdiendo su vida. Si nuestros niños pierden sus sueños, si nuestros niños se acostumbran a la violencia,  esa violencia será nuestro futuro y por ende perderemos al país.

Todos los días, tenemos que reportar atroces crímenes en contra de niños. El caso del kínder en donde abusaron de 37 niños. La pequeña que salió de su casa en Ecatepec y la violaron y mataron, entre muchos casos más que son de una violencia inaceptable para nuestros pequeños.

Por otro lado estoy verdaderamente azorado con el circo que se ha armado con la nueva caravana migrante. La entrada de 6 mil migrantes a EUA, es, si usted me perdona el ejemplo, como orinar en una alberca de un gigantesco hotel, es decir no se nota en lo absoluto, aunque sea innegable la contaminación del agua. Este problema ha tomado proporciones tremendas por que lo ha tomado el presidente del país más poderoso del mundo.

Y no lo ha tomado por que sea un problema real. Independientemente de que tenga derecho de reclamar que un grupo de personas entren de forma ilegal en su país. Pero este tipo de idioteces es la que gustaba su base de votantes. Estas “paparruchadas” son las que divierten a sus campesinos y se sienten respaldados, salvando a América.

En este marco hay que ser muy cuidadosos de las declaraciones que se hagan. En todos los temas y sentidos. Hemos visto declaraciones encontradas entre el presidente en funciones que ya está en el ocaso y el presidente electo que jurídicamente no puede mandar. Esto ha creado desde incertidumbre hasta presión en la cotización del peso. Hay que seguir actuando y declarando con pies de plomo, que las carteras nacionales están de por medio.

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