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Un onvre en apuros por pandemia #REPORTAJE

Por: Edgar Daniel Fernández Mejía

“A mí no me va a pasar nada wey, esa madre ni existe”, fue la opinión del hombre con más de 40 años, sin estudios, ni trabajo estable, que murió por la COVID-19. Según CONACYT, el 63.5% de los fallecidos en México por el virus han sido hombres (CONACYT, 2020). Al parecer han mostrado ser menos resistentes al virus, y tal vez el sentido de autosuficiencia y la masculinidad tradicional están jugando en su contra.

En Europa y Asia las primeras cifras señalaron en febrero de 2020 que la COVID- 19 tenía un 2.5% mayor de mortalidad en hombres respecto a mujeres (MIlenio, 2020), y cerca del 60% de los fallecidos en esos continentes fueron varones. Pese a que las cifras de contagio eran similares.

México a diferencia de los países europeos es una nación de obesos, hipertensos y diabéticos. Siete de cada diez personas que mueren por la COVID-19 tenían una patología previa. Del total de fallecidos el 45.74% padecían hipertensión, 38.49% diabetes, 23.38% obesidad y contrario a lo que en un principio se consideraba un factor clave en el aumento de decesos, solo el 8 % consumían tabaco (CONACYT, 2020). Además, de acuerdo con datos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), el 88.64% falleció en el hospital, mientras que solo el 11.36% lo hizo en casa.

Para agosto de 2020, según la asociación 50/50 Global Health, México se encontraba con el 65.5% de defunciones en varones, por detrás de países como Nepal (82.8), Afganistán (78.6%), Kenia (77%), Tailandia (76%), Pakistán (74%) y Perú (70%) (GLOBAL HEALTH 5050 , 2020). Es aquí donde factores como el machismo, la autosuficiencia y sensación de invulnerabilidad, se enfrentan a una complicada situación económica, de educación y sobre todo fisiológica que ponen a los hombres en contra del mayor reto que ha enfrentado el patriarcado: su propia supervivencia.

Las conductas machistas a lo largo de la pandemia se han hecho evidentes. Según datos de un estudio proporcionado por Carl Borchgrenvink, investigador de la Universidad de

Michigan, tan solo el 31% de los hombres se lavan las manos con jabón, respecto al 65% de las mujeres investigadas (Borchgrevink, Los hombres se lavan las manos con menos frecuencia que las mujeres y eso es más importante que nunca). ¿El motivo? Los hombres creen que su organismo puede resistir los gérmenes.

Cristian López Raventós, sociólogo de la UNAM explica que: “El cuidado de la higiene debería ser algo generalizado, los hombres han creado el hábito de quitar importancia a este factor por el temor de ser calificados como femeninos” (Raventos, 2020).

El género masculino, al igual que el femenino, han sido construidos a partir de mandatos exigidos universalmente a los hombres y mujeres respectivamente. Lo que ha supuesto que los hombres se deban comportar de la manera en que esté definida la masculinidad en sus culturas. Es decir, la masculinidad tradicional es el conjunto de valores, actitudes y conductas, que se establecen como reglas sobre lo que debe ser un hombre, pero sobre todo lo que no debe ser.

Estas actitudes son la manera en la que los varones suelen comportarse, por ejemplo, evitar sentir emociones, y sobre todo las expresiones que las acompañan. No profundizar en el dolor, ni verbalizar sus sentimientos, reaccionar de una manera agresiva ante cualquier ataque y dejar claro que no es una persona fácil de pisar. Así es como se dice que el hombre debe ser fuerte y soportar los problemas que le presenta la vida. Pero sobre todo ejercer el poder y marcar una hegemonía sobre aquellos a quienes no considera como iguales. Sin embargo, esta solo es la mitad de la historia.

¿Y los factores sociales-económicos?

Es cierto que las conductas masculinas traen consigo prácticas de riesgo, como las reuniones clandestinas, el escupir en la calle, la falta del uso del cubrebocas o la nula prevención frente al virus. No obstante, sería un error generalizar y pensar que todos los varones se han contagiado y fallecido por simple irresponsabilidad. La situación económica que atraviesa México con 52.4 millones de habitantes en 2018 en situación de pobreza (CONEVAL, 2018), ha obligado a la población principalmente masculina a salir a las calles y no respetar la cuarentena.

Solo que, a diferencia de países como Italia y Alemania, el gobierno mexicano no tiene la posibilidad de solventar los gastos de su población. Lo que da como resultado que una gran

cantidad de personas que se han infectado no lo han hecho de manera imprudente, sino mediante el trabajo para llevar el sustento a sus hogares. Es importante señalar que el 57.3% de la población en México no cuenta con un sistema de seguridad social (CONEVAL, 2020). No obstante, el gobierno mexicano abrió los hospitales para cualquier persona que lo requiera. Sin embargo, la cifra de hombres fallecidos continúa en aumento.

Si a la difícil situación económica se le agregan factores de machismo, roles de género, autosuficiencia, masculinidad tradicional y sistema fisiológico, los hombres en México se encuentran en una constante guerra entre mantener su perfil masculino, sostener a sus familias, protegerse del virus y sobrevivir a su propia vulnerabilidad.

Los hombres ni aguantan nada, literal.

A lo largo de la historia, la comunidad científica ha encontrado que los hombres a diferencia de las mujeres son menos resistentes a enfermedades como el VIH, hepatitis B y C, influenza, y sobre todo el nuevo coronavirus.

Mónica Gandhi, médica experta en enfermedades infecciosas de la Universidad de California de San Francisco, propone que:

Los estrógenos son parte fundamental para inhibir el virus del VIH durante los primeros cinco años en el sistema de las mujeres. La evolución es más tardía y menos agresiva, sin embargo, tiene un precio a largo plazo. Señala que después de este tiempo, el virus evoluciona en SIDA y se vuelve mucho más peligroso para las mujeres. Contrario a lo que sucede con los hombres, en el que su sistema no resiste de igual manera el virus, y el deterioro es más rápido. (Gandhi, 2019)

El VIH es una enfermedad principalmente masculina por múltiples factores sociales, económicos y sobre todo sexuales. Pero se puede comparar con la COVID-19 de manera sintomática y evolutiva, debido a que las mujeres son más resistentes que los hombres. La degeneración en SIDA es más tardía y sobre todo la reacción del sistema inmune es diferente. De acuerdo con (CENSIDA, 2014) hasta 2012 las cifras de mortalidad en hombres que viven con VIH eran de 7.51%, mientras que en las mujeres solo 1.64%, y del total de población portadora del virus en América Latina el 68% eran hombres.

Al igual que el VIH, la COVID-19 reacciona de diferente manera en el cuerpo de ambos sexos, las concentraciones de infectados por SARS-CoV-2 rondan entre 53% y 47% (GLOBAL HEALTH 5050 , 2020) de hombres y mujeres respectivamente. Pero la realidad es que las defunciones se disparan por cerca del 15% en varones de algunos países

(GLOBAL HEALTH 5050 , 2020). Dato que ha alertado a diversos científicos alrededor del mundo.

La teoría más aceptada hasta ahora es sobre la enzima ACE2, que es la puerta de entrada al virus. Esta enzima se encuentra en todo el cuerpo, pero se observa en mayores concentraciones en los pulmones y es producida en gran medida por los testículos, lo que haría que los hombres tengan una doble puerta de entrada a la COVID-19.

Akiko Iwasaki, inmunóloga de la Universidad de Yale, publicó en un reciente estudio que “las células T pueden matar el virus y evitar que la infección se propague” (Iwasaki, 2020). El ensayo reveló que los hombres tienen una menor activación de células T, y esto se vinculó con cuán enfermos estuvieron. A mayor edad, más débil fue la respuesta de las células, contrario al caso de las mujeres, en las que mayores de 90 años presentaron una respuesta aceptable al virus. A pesar de ser un estudio con limitaciones por su tamaño de población, los resultados son congruentes con lo que se sabe sobre las diferencias de sexo.

Al reaccionar de manera diferente en ambos cuerpos los síntomas de cada género varían. Los hombres han reportado dolor e inflamación en los testículos, además de una reducción significativa de fertilidad. Médicos que trabajan en el Consorcio de Educación para la Salud de los Uniformados de San Antonio, reportaron un caso específico de un hombre de 37 años, que además de tener los síntomas característicos del virus como pérdida del gusto, desvanecimientos cerebrales y escalofríos, también padeció malestar testicular acompañado de calor, fiebre, fatiga y tos. (Ramasamy, 2020)

El dolor genital se presentó durante la semana en la que el hombre comenzó con todos los síntomas de la COVID-19, y se alivió hasta poco después de ser dado de alta. Los médicos del Consorcio advierten que el semen de los varones que han sido infectados por el virus ha tenido una calidad de los espermatocitos deteriorada. Es decir, podrían quedar infértiles. (Ramasamy, 2020)

Marcus Altfeld, inmunólogo del Instituto Heinrich Pette, advierte que “existe la probabilidad de que la vacuna en hombres y mujeres funcione de diferente manera, e incluso que los varones de mayor edad puedan requerir hasta tres dosis de esta” (Altfeld, 2020) Y recomienda que las farmacéuticas encargadas de su elaboración analicen sus datos por sexo.

La Universidad de Yale propone que la clave está en la inmunidad inespecífica y especifica. Mientras que la primera responde de manera rápida a los patógenos, su desventaja es que lo hace igual frente a todos ellos. Mientras que la especifica tarda días en reaccionar, pero actúa de forma exclusiva frente a un solo patógeno. (Infantas, 2020)

Esto es importante debido a que los hombres tienen una menor activación de linfocitos T, que son las principales células en la respuesta inmune especifica. Se ha descubierto una particularidad de los varones, en la que, a mayor edad, menor cantidad de células T, y por lo tanto una peor situación frente a la COVID-19.

Por otro lado, en mujeres la afectación principal sucede en las citocinas proinflamatorias TNSF10 e IL15, que son las células encargadas de regular la respuesta inespecífica, estas células además actúan para conducir la respuesta inflamatoria en regiones de infección o lesión.

Por otra parte, los microbiólogos Vicente Pallas Benet y Javier Buesa Gómez de la Universidad de Valencia señalan que “el sistema endocrino e inmunológico están estrechamente relacionados, debido a que el endocrino regula por medio de hormonas, neurotransmisores y neuropéptidos al sistema inmune” (Benet & Buesa Gómez , 2020). Dicho de otra manera, un sistema envía a otro información, para iniciar la respuesta inmune de acuerdo con los niveles de testosterona o estrógenos que se tengan en el cuerpo.

Lo que apoya la teoría de Gandhi, en la que el estradiol, principal hormona femenina, sería la responsable de crear un sistema inmune más resistente, mientras que la testosterona se encargaría de inhibir la respuesta inmune. En un estudio preliminar de la Universidad de Wake Forest, investigadores explican que la COVID- 19 afecta al corazón, sin embargo, “el estrógeno protege a las mujeres de enfermedades cardiovasculares” (Terrazas & Canseco, 2020) y señalan una notoria diferencia hormonal entre ambos sexos, misma que parece ser la razón detrás de los fallecimientos en pacientes con hipertensión.

¡Muerte al patriarcado! Pero ¿y ellas qué?

El ciclo menstrual podría ser la clave del éxito en las mujeres. Margie Profet, bióloga evolutiva, sugirió que la menstruación se desarrolló como un mecanismo para proteger el útero y las trompas de Falopio contra microbios desprendidos por el esperma. Según esta investigadora, “el útero es extremadamente vulnerable a las bacterias y los virus que puede

transportar el semen, y la menstruación es una manera agresiva de prevenir infecciones que podrían provocar infertilidad y enfermedades e incluso la muerte” (Profet, 1993). A pesar de ser una teoría, Javier Buesa menciona que “es un reflejo de cómo funciona el sistema inmunológico de las mujeres y el porqué es más resistente” (Benet & Buesa Gómez

, 2020).

Buesa Gómez agrega que los estudios han dado a conocer la susceptibilidad de los hombres a los virus, bacterias y parásitos.

Se ha demostrado que la prevalencia en enfermedades como influenza, hantavirus, y el virus del Nilo Occidental tienen una mayor intensidad en varones. Mientras que las mujeres son más susceptibles a enfermedades inmunopatológicas como el lupus, la artritis, o la anemia, por la respuesta basal de su sistema inmune. Esto último se refiere principalmente a cómo responde el cuerpo en un estado de reposo, es decir, sin alteraciones por hormonas, virus o enfermedades. Lo que provoca que el sistema inmune se encuentre en constante estado de alerta y a la larga se vuelva perjudicial, puesto que las enfermedades autoinmunes requieren en gran medida de una reacción fuerte. (Benet & Buesa Gómez

, 2020)

Sin embargo, y a pesar de que las mujeres parecen ser menos afectadas, también se encuentran en controversia. Las embarazadas son el principal debate ya que al principio de la pandemia se les consideraba con una mejor respuesta inmune debido al ciclo hormonal que presenta el embarazo. Y poco después, pasaron a ser población en riesgo.

Al ser una enfermedad nueva y en pleno estudio, las cifras en un futuro podrían cambiar, y mostrar una mejor explicación en el sistema de las embarazadas. Sin embargo, hasta julio de 2020, el Instituto de Perinatología en México determinó a la COVID-19 como la principal causa de muerte en este sector con 105 decesos. (Martínez, 2020)

Por otro lado, Víctor Anaya Muñoz, biólogo de la UNAM, propone lo contrario y menciona que “las embarazadas son más resistentes al virus por el ciclo hormonal que se presenta durante el mismo, y la previa preparación genética que tienen las mujeres para soportarlo” (Muñoz, 2020).

En cambio, Buesa Gómez señala que “es muy pronto para poder saber si las mujeres embarazadas son población en riesgo, pero alega que los especialistas hablan de una disminución en el sistema inmune para evitar que el vientre rechace al feto” (Benet & Buesa Gómez , 2020).

¿La genética cómo me afecta? ¿La solución es una atención hospitalaria personalizada?

Otros especialistas proponen que la genética pudiera ser la razón detrás de la cantidad acumulada de hombres fallecidos alrededor del mundo. Jorge Domínguez-Andrés inmunólogo de la Universidad de Nijmegen, señala que “el sistema de los seres humanos ha evolucionado de diferente forma a lo largo del planeta, debido a las condiciones sociales, económicas y de alimentación” (Andrés, 2020).

Lo que explica por qué Canadá es de los pocos países en los que las mujeres rebasan en porcentaje de fallecidas con el 53%, y solo el 47% de defunciones en varones. Domínguez- Andrés, menciona que “un estilo de vida altamente higiénico puede relacionarse con enfermedades autoinmunes o alergias, por la falta de patógenos externos que son eliminados por el agua, y que este sería el caso de las mujeres” (Andrés, 2020).

Además, la dieta en todo el planeta es diversa, y por lo tanto los sistemas inmunológicos de las personas son variables. Lo que en Japón podría ser una enfermedad severa, en otro extremo del mundo quizás sería más leve debido a la evolución genética de su población. Dando como resultado que cierto tipo de personas se encuentren más preparadas frente a las bacterias y los virus, mientras que otros a las enfermedades autoinmunes.

Sociología vs Fisiología

La comunidad científica se encuentra en un dilema con la parte social. A pesar de que el sistema inmune de los hombres parece en mayor medida débil frente a las mujeres, los factores sociales y psicosociales son más fuertes en la explicación del porqué aumentan las cifras de hombres fallecidos. El fenotipo de hombre que muere en México según el estudio publicado por Héctor Hiram Hernández, investigador del Centro de Estudios Multidisciplinares de la UNAM, “es de un hombre con escolaridad básica o sin estudios, mayor a los cuarenta años y que no tiene un trabajo estable” (Hernández, 2020).

En México conforme la pandemia avanza hombres y mujeres han relajado las medidas de prevención y cuidado por múltiples factores, a esto se le debe agregar el problema estructural que revela el estudio de Hiram Hernández, dos particularidades del país: la pobreza y la necesidad de trabajar en condiciones de riesgo.

Hugo López-Gatell, subsecretario de prevención y promoción de la salud, señaló que las condiciones económicas y culturales han llevado a México a rebasar las 60,800 muertes, de las cuales 39,216 fueron de hombres hasta finales de agosto del 2020. Y agregó que “los padecimientos de los mexicanos como el tabaquismo, la diabetes e hipertensión, acompañados del déficit médico, el sistema alimentario, la desigualdad social e incluso la corrupción, fueron factores clave que impidieron frenar la cifra de fallecidos” (Gatell, 2020).

Las declaraciones del subsecretario sostienen todas las teorías anteriormente expuestas. Si bien el gobierno mexicano basó su sistema de medición sobre la pandemia en predicciones, las condiciones sociales y fisiológicas de los mexicanos son claves para entender el fenómeno, al ser el principal factor que se interpuso entre poder o no salvar a la población.

A pesar de que el virus ha marcado cierta tendencia sobre los hombres, es pertinente aclarar que no es un fenómeno de la COVID-19, sino la forma de enfermar y de morir que tienen las personas. Es decir, las mujeres sobreviven más que los hombres a la vida en general.

La COVID-19 ha sido la enfermedad que destruyó el 2020, hasta el momento no se tiene una explicación certera de por qué los hombres fallecen más que las mujeres. Los científicos aún se encuentran en el terreno de la teoría, sin embargo, los avances más recientes son los presentados.

Las condiciones sociales que se tienen en países como Tailandia, México, Perú, Pakistán, Afganistán o Kenia, los principales afectados en varones, hablan de una masculinidad tradicional y sobre todo de un sistema patriarcal del que no se puede dejar de lado a las mujeres, pero también remarcan condiciones económicas y estructurales estrechamente ligadas.

El sistema fisiológico de los hombres ha reportado menor resistencia al virus, sin embargo, se debe tener en cuenta las cifras de contagio entre hombres y mujeres, que son casi idénticas en la mayoría de los países. No solo los hombres han sido menos responsables en el cuidado y prevención del virus, sino también las mujeres. Solo que al parecer ellas no son el sexo débil.

El machismo ha colaborado en matar a su propio género. Los hombres se enfrentan a una batalla en contra de la femenina COVID-19 que ha marcado su bando en esta contienda. La baja respuesta inmune genética los ha hecho caer sin importar cuantas veces dejaron el jabón y la higiene de lado. La economía y el sustento familiar los ha puesto a luchar como carne de cañón en la guerra. Sin embargo, al parecer se ha escogido mal a los soldados en esta pandemia.

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