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Gerardo Tena y ‘Cara de perro’, 30 experiencias hechas cuentos en la FIL de Guadalajara

Gerardo Tena hizo una cordial invitación a la FIL Guadalajara, donde se presentará por primera vez en el mes de diciembre, junto a la autora Penélope Córdova

Gerardo Tena, un reconocido periodista con más de 30 años de carrera, presenta su libro de cuentos ‘Cara de perro’ en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, misma que se llevará a cabo a finales de este mes y principios de diciembre.

En entrevista exclusiva con el equipo de Paco Zea, el autor mexicano nos habla de su trayectoria como comunicador, qué fue aquello que lo motivó a adentrarse en la literatura y cómo lo hizo. Asimismo, nos comparte íntimas experiencias que pueden enriquecer la lectura de su texto.

Trayectoria

Ha sido periodista la mitad de su vida. Desde muy joven se inició en el periodismo con colaboraciones en la revista Interviú (México) y como asistente en el archivo del célebre columnista Manuel Buendía (asesinado en 1984).

Ha trabajado en agencias internacionales de noticias como la francesa AFP, para la que cubrió desde el primer día el alzamiento zapatista en 1994; y en la española EFE, donde fue redactor jefe.

En la prensa mexicana desempeñó el cargo de Enlace editorial del diario El Independiente, en el cual estuvo a cargo de la sección El tema del día y escribió una columna de la vida cotidiana de la Ciudad de México, llamada Pata de perro.

Durante cuatro años, de 1997 a 2001, trabajó como corresponsal de la agencia AFP en Cuba, donde cubrió la visita del Papa Juan Pablo II a la isla, el entierro de los restos del Che Guevara, y escribió sobre la situación política, económica y social cubana.

Ha colaborado con distintas publicaciones y dictado talleres de comunicación, asimismo ha ofrecido charlas en su alma máter, la Escuela de Periodismo Carlos Septién, en la UNAM y en la Universidad Iberoamericana.

Durante cinco años fue Coordinador de Medios en el Fondo Mundial para la Conservación (WWF) en México.

El periodismo

Antes de pasar formalmente a Cara de perro, el ahora también escritor nos compartió un breve semblanza de su vida como periodista.

A pregunta expresa sobre las motivaciones que lo llevaron a perseguir los hechos del día a día, Tena comentó que prácticamente nació con el llamado de la información, como si se tratara de una habilidad innata, que se vio alimentada por su formación y entorno. También ahondó en la curiosidad de la pregunta, propia de un niño que se la pasa cuestionando su alrededor:

“Digamos que nací siendo periodista porque fui un niño muy observador. Yo crecí en la calle, fui el menor de cinco hermanos y mi mamá, una madre soltera,  cuidaba mucho asus tres hijas adolescentes. Era época de cuidar el prestigio de la familia y la virginidad de las jóvenes. Entonces a los dos niños menores nos cuidaba menos. Eso me hizo mucho bien a mí, porque yo crecí en la calle.

Eran los años 60, en la calle había muchísimos niños, 30 o 40 niños jugando en la calle, todo tipo de juegos divertidos. Y me tocó ver a muchos personajes en esa época; yo era muy observador, además, nací con el dedo levantado y me gustaba hacer muchas preguntas, como todos los niños. Los niños son filósofos, siempre están preguntando y se están preguntando. Yo no terminaba de preguntar. Creo que eso me fue preparando para el periodismo.”

En un paso por sus días de estudios, el creador también recordó que sus primeras opciones no estaban dirigidas al periodismo. Sin embargo, cuenta que logró elegir a tiempo lo que lo ha guiado hasta este momento:

Cuando estaba en la preparatoria me gustaba mucho la biología, la anatomía, porque me gustaba cómo funcionaba el cuerpo, cómo funcionaban los elementos químicos; eso me llamó mucho la atención.

Opté por estudiar biología y química, pero cuando me di cuenta que me gusta leer, me gustaba preguntar, estar en eventos importantes que ocurrían en la calle, entonces decidí irme por el periodismo. Estudié periodismo en la escuela Carlos Septién García. Un gran acierto de esta escuela de periodismo, era que nos mandaban a a la calle a hacer reportajes, a buscar noticias. Todo esto me encantó. Me salí de la escuela antes de concluir los estudios porque me metí a los medios muy joven y empecé a escribir. Por ejemplo, trabajé en un turno de la noche en Televisa.

Empezaba a las diez de la noche y terminaba a las seis de la mañana. Después empecé a escribir en la revista Interview y me fui metiendo en varios medios. Pero mi formación, ya sólida, fuerte, comenzó en la Agencia Francesa de Prensa, la AFP. Ahí aprendí muchísimo y tuve oportunidad de convivir con destacados corresponsales extranjeros en México, en una época en que México era como el epicentro para la cobertura de la guerra en Centroamérica. México vivía una situación estable y los corresponsales extranjeros eligieron este país para establecerse aquí.

Conocí, por ejemplo, a Juan Carlos Salazar, El Gato, periodista boliviano que de joven cubrió la guerrilla del Che Guevara en Bolivia; a argentinos, uruguayos, chilenos que huyeron de las dictaduras; en fin, conocí a muchísima gente interesante, cuando el periodismo se hacía, digamos, con más camaradería, éramos colegas, nos compartíamos información. Yo aprendí mucho de ellos.

Después, la AFP me envió cuatro años a Cuba como corresponsal. De 1997 al 2001, me tocó vivir momentos trascendentes en Cuba, vivía entonces Fidel Castro. En esa época rescataron los restos del Che Guevara en Bolivia y asistí a los funerales del guerrillero que se llevaron a cabo en Santa Clara. Escribí sobre la situación económica, política y social de Cuba; sobre la primera visita de un Papa a la isla comunista. Cuatro años más tarde regresé a México.

Estuve algunos años más en la AFP. Después entré a la agencia española EFE. Ahí fui redactor jefe durante cuatro años y dure otros tres años más como corresponsal en México. En 2013 entré al Fondo Mundial para la Naturaleza, pero ya del otro lado de la cancha, trabajaba en atención a medios y en estrategias de comunicación. En 2017, cuando ocurre un sismo, cambia todo en mi vida.

La motivación de escribir y la literatura como cura

Tras este repaso sobre su impresionante carrera, el escritor reflexionó con respecto a los motivos que influyeron en su trayectoriay pasar de lo informativo hacia lo creativo.

Sorprendido él mismo por el cambio, relató cómo llevó este proceso y cuáles han sido los puntos de encuentro entre ambas labores, las cuales logró conjuntar en Cara de perro.

“Siempre pensé que yo no iba a escribir un libro. Por qué iba a escribir un libro cuando hay obras tan buenas, cuando hay mucho que leer. ‘Yo no tengo nada que decir’, pensaba. En el periodismo yo me entregué al cien por ciento y lo hacía lo mejor posible.

Vivía con mucha adrenalina, con mucho café, con mucho cigarro, como como los antiguos periodistas. Ahora los periodistas son más asépticos, ya no fuman, ya no toman café, ya está. Ya no sé cómo le hacen. Pero yo vivía a todo tren y en las agencias te preparas para escribir muy rápido, rápido porque te llegan las informaciones y tienes que mandarlas de inmediato, tratas de no cometer errores; tienes que ir muy rápido, pero también frenar para no cometer errores garrafales, después ya lanzas la información.”

El abandono

En un episodio importante y sensible en su vida, Tena nos comenta qué fue exactamente lo que encendió esa llama por expresar otro tipo de mensajes.

Él habla del abandono como eje guía de su vida, pero no como impedimento, sino como un impulso que, si bien lo detuvo en algún punto, con Cara de perro le permitió abrirse a sí mismo y hacia los demás.

“En 2017 hay un parteaguas en mi vida. En 2017 ocurre el terrible sismo en México, en la Ciudad de México ocasiona muchos daños y muertes. Trabajaba en WWF, en la colonia Condesa, frente al Parque México, cuando ocurre el temblor y unos compañeros y yo salimos despavoridos. Yo miro hacia la calle Laredo y veo cuando se desploma un edificio.

Aunque ya no trabajaba para un medio, salí disparado hacia donde se derrumbó el edificio, en la esquina de Laredo y Ámsterdam. Cuando llego, observo a un hombre que está tirado en el piso con dos trabes de concreto, una en la espalda y otra en las piernas, el hombre estaba, digamos, que destrozado, pero aún vivo; me pidió ayuda.

Traté de acercarme lo más delicadamente posible y en ese momento llegan dos jóvenes y tratan de jalarlo; les digo: no, lo van a partir en tres pedacitos. Estábamos viendo cómo le ayudábamos y alguien empieza a gritar: “salgan todos porque se está escapando el gas”. El tanque de gas estacionario del edificio que se derrumbó se había roto. Unos policías nos dijeron que desalojarmos la zona. Y el hombre se quedó con la mano extendida. Yo sentí horrible. Sentí el abandono.

Aún se me quiebra la voz. Dejamos al herido ahí y eso me ocasionó un problema psicológico, por haber abandonado a una persona. Empecé a tomar terapia y el terapeuta me dijo: “Escribe, tú escribe”, porque yo no le podía decir nade de lo que había pasado. Me quedé prácticamente mudo. Entonces me puse a escribir, escribir, escribir, escribir, escribir en una libreta todos los días, a todas horas. Pasó el tiempo y después me puse a revisar lo que había escrito y me di cuenta de que nunca escribí esa historia, la del hombre abandonado en la esquina de Laredo y Ámsterdam.

La escritura

Ya reconocida la escritura como un proceso curativo, el autor ahondó en los pormenores sobre el método creativo, quiénes lo apoyaron, cómo le hizo para terminar las páginas y hasta los desvelos que le cobró la labor.

Además, habló sobre las historias en sí, de dónde vienen, cómo las recuperó, por qué lo hizo, y cómo lo hizo.

Escribí en mi mente historias de mi infancia que tenían que ver, curiosamente, con el abandono, con la injusticia, con la violencia en la niñez. Empecé a rescatar estas historias y, ahora sí, a escribirlas con un fin literario. Las compartí con personas que tenían, digamos, más afinidad con la literatura. Me dijeron que estaban buenas, que había que afinarlas y empecé a trabajarlas poco a poco. Surgieron 15 historias. Después dije “ya sé que quiero, escribir un libro de cuentos”. Sin embargo, sentí que eran pocos textos para un libro y empecé a escribir una historia espejo de cada una de esas historias.

Cara de perro tiene 30 historias, pero cada una van acompañadas de otra, la primera de la segunda, la tercera de la cuarta y así. Al final es como una novela. Si me dicen clasifica tu libro, yo no sé cómo clasificarlo.

Ya sabes que hay que clasificarlo. Entonces prefiero decirle libro de cuentos, aunque yo creo que es una novela fraccionada, porque al leerla completa te das cuenta de que toda la historia está contada allí, en esas 30 historias que, además, son autónomas. Cada historia tiene su propia vida y su propio final, pero se concatena con todas las demás.”

En este contexto, cuestionó los lindes de la literatura y la problemática a la hora de clasificar su texto. También bromeó un poco con las trabas de lo literario y los vicios que tuvo que superar para concebir su obra.

Me costó tres años. Me costó tres años escribir, reescribir, acudir con profesores. Mi gran profesor me traía cortito y me planteaba cómo abordar una de las historias, pero nunca me decía toma este camino. O sea, me decía este no es el camino correcto para tu historia. Entonces me pedía que buscara la salida, yo le buscaba y le buscaba y al final se la presentaba. Era escribir, reescribir, reescribir, reescribir. Desafortunadamente vino la pandemia, pero también por fortuna vino la pandemia, y retrasó la publicación del libro. Entonces compartí el libro con una actriz que se llama Elena de Haro. Ella leía en voz alta las historias en voz alta para que yo las escuchara, y corrigiera las cacofonías, las repeticiones; el abuso de las aliteraciones e hipérbaton.

Los periodistas tenemos una característica que en la literatura puede ser un vicio: el queísmo.

Mi profesor me decía que posusiera en la lupa la palabra “que” para descubrir cuántas veces tenía en una línea, en un párrafo la palabra “que”. Y sí, las marcas en amarillo de la palabra que parecían el síntoma de una enfermedad viral. Entonces me dediqué a borrar todos los ‘que’, a pulir, a no repetir palabras, a jugar un poco también, jugar porque es una parte que me gusta de la literatura, jugar.

Los referentes

Adentrado en el campo de lo literario, Tena comentó cómo convivió con este arte durante su formación, así como qué fue lo que pudo rescatar del mismo.

Mira, yo considero que la literatura es colectiva. Hay escritores que tienen su método, pero yo me nutro de muchos escritores. Pero no los copio, me hacen imaginar cosas. Una de ellas es Alice Munro, la escritora de cuentos que ganó el Premio Nobel. Con ella no puedo avanzar en la lectura porque me produce una sensación tan rica, me genera muchas ideas. Cuando la estoy leyendo empiezo a fantasear. También leo a otras autoras, me encanta Fernanda Melchor. Me encantan Brenda Navarro, Guadalupe Nettel, Emmanuel Carrère, Juan Rulfo, obvio. Octavio Paz.

Llama la atención que Tena habla de una infancia no tan íntima con lo literario, pero que, no obstante, fue fructífera e impactante.

“Empecé en la literatura a leerla muy tarde, ya en la prepa, cuando descubrí la literatura. En mi casa no teníamos libros, no había un solo libro de literatura. Cuando nos encargaron leer La Odisea me maravilló esa fantasía, ese mundo fantástico,  y ahí empecé a leer por mí mismo.

Lo poco que he leído lo he leído es gracias a Ulises. Por cierto, el resumen que presenté de la obra recibió una calificación reprobatoria porque la profesora de la preparatoria no creyó que yo hubiera escrito ese resumen, porque, me dijo, que estaba muy bien. En aquellos años no existía internet, pero la maestra creyó que yo había copiado el texto de una enciclopedia, lo cual no fue cierto. Ese mundo maravilloso me abrió las puertas a la literatura, e quedé enamorado de la literatura.”

El periodismo y la literatura

Conciliado ya este pasado, se le preguntó al comunicador la forma en que consiguió enlazar el periodismo con la literatura y qué fue lo que halló como puntos de unión entre ambas, pues, aunque surgen de una misma raíz, ambos son ramas separadas por cierto espacio.

“Uno de mis ejemplos en esl periodismo es Kapuściński, lo leo mucho porque también se apega a la literatura. Él dice que los cinco sentidos del periodista son ver, oír, pensar, compartir y estar. Entonces me identifico con el estar, pues he estado presente en muchas situaciones extraordinarias como periodista, como persona. Como te dije al principio, yo crecí en un barrio bravo, en la colonia Doctores, rodeado de muchísimos niños, rodeado de muchísimos personajes, de carpinteros, de obreros, de cerrajeros, tenderos y rateros, los taxistas y de gente de la lucha libre.

Siendo niño y criado en la calle vi muchas cosas. Uno de los cinco sentidos que pide Kapuscinski para el periodista es estar. Creo que en mi caso el estar ha sido importante porque he estado en eventos trascendentes: en una Cuba comunista, muy cerrada, pero también muy festiva. He estado presente en fiestas de santeros, pero también he estado presente cuando una mujer trataba de lanzarse desde el piso 26 de la Torre Latinoamericana, en Ciudad de México.

Cubrí el alzamiento zapatista desde el primer día. Sobreviví a un ataque aéreo junto con tres periodistas de Univisión y dos de la revista Mira, que ya no existe. También fui uno de los ayudantes de Manuel Buendía. Fui amigo cercano del chico que vio cuando mataron a Buendía.

Como periodista me implsaba la adrenalina, el tabaco, el café, nunca el alcohol. Nunca bebí en las coberturas porque el alcohol no es buen consejero y tampoco para la literatura. Me gusta beber, pero no es algo que lo haga ejerciendo el periodismo o escribiendo un cuento. No tienes la mente clara. Pasé de esta vertiginosa escritura periodítica al carril de baja velocidad donde voy observando a la gente, contemplando las cosas. Imagino qué piensan las personas. Miro a los vagabundos, y me pregunto qué los llevó a ese estado de indefensión, de vulnerabilidad. Y eso, ha hecho una buena combinación para que yo escriba literatura.”

Ver, oír, pensar, compartir y estar (el abandono)

Recuperada la presencia como aliciente, a Tena se le cuestionó el motivo por el que no retomó episodios fuera del país o su ciudad, la Ciudad de México.

Aun con una visión cosmopolita, él insistió en este proceso curativo, en las obsesiones de un escritor y en los momentos clave que crearon no solo a su obra, sino también a él.

“Bueno, por lo que te decía que cuando yo revisé mi libreta encontré muchas cosas de mi niñez. Fui un niño abandonado por el padre, como muchos mexicanos. Creo que una de las mayores crueldades de un ser humano es abandonar a los niños.

Entonces, cuando, en el sismo de 2017, yo abandoné a esa persona me sentí fatal, me quebré como persona, como ser humano, tuve necesidad de escribir. Y lo que salió de ahí fue un cúmulo de reflexiones de mi infancia, en la que no todo fue tristeza sino también felicidad.

En mi infancia éramos 30 niños, 40 niños jugando a las coladas, jugando al avión, era un mundo muy rico, era riquísimo, muy divertido, me encantaba.

Hoy los niños son poquitos, hay más perros ahora que niños. Vivo en un edificio de 32 departamentos y solo salen a jugar tres niños y hay más de diez perros.

¿Entonces por qué escogí ese tema? ¿Pues, creo que más que escogerlo yo, las historias me escogieron a mí, porque yo volqué toda mi necesidad, todo mi dolor, porque sí sufrí, sufrí escribiendo esto, volqué todo mi dolor en eso y a partir de ahí empecé a aliviarme. Aunque ahora se me quiebra la voz, ya puedo contar el episodio del abandono, de aquel hombre que se quedó tirado en la calle.

Photo taken with Focos

Es de este pasado, de estas historias, que para el entrevistado se abre un nuevo mundo, el de la inventiva, el juego, el disfrute y la experimentación.

En este escenario es donde él crea, recupera e incluso cuestiona al mundo exterior, colocándose como un observador omnisciente que busca moldear su mundo, recrearlo y, al final, superarlo. En última instancia, nos adelanta que hasta ha concluido su próximo proyecto, una novela infantil.

“Para mi 2017 fue el parteaguas que ha venido a reforzarse con el tiempo. Hace un año renuncié a mi puesto en el Fondo Mundial para la Naturaleza para dedicarme en cuerpo y alma a la literatura, a leer, a escribir, a reflexionar, a pensar, a ser muy creativo, a jugar. Ahora he estado pensando más en la poesía. Todos los días escribo, escribo en mis cosas, en mi cuaderno no siempre salen historias. Recién concluí una novela infantil, lo cual es un arriesgue, pero lo quise hacer.

Si ya me arriesgué a dejar de trabajar por qué no me voy a arriesgar a escribir una novela infantil. ¿Y si no tiene éxito?. No importa si lo leen uno o dos niños.Quise escribirlo y ojalá que les guste. Y si no les gusta, pues seguiré intentando por otros caminos. Hay muchos autores que nunca vieron publicada su obra. Otros, que no vendieron ni diez ejemplares y años ás tarde terminaron siendo célebres. Esto es así.

Por qué hablo de mí, no es nuevo en la literatura ni soy el único. Emmanuel Carrère en Yoga habla de su historia en la meditación y el yoga. No he leído a la autora que acaba de ganar el Premio Nobel de Literatura, la francesa Annie Ernaux, dicen los críticos que ella habla de su vida. El mundo literario es tan amplio y lo que tratamos es de encasillar las obras para entender la realidad, es nuestra mente racional la que busca darle explicación a todo. Las sociedades humanas tratan de clasificar siempre todo porque queremos explicación. Y queremos explicarnos porque queremos explicarnos la realidad.

Y como dijo Heidegger, fuimos arrojados al mundo. Y haber entiende qué es la realidad, nadie sabe qué es la realidad y por eso clasificamos las plantas, a los animales, a las especies. No porque el tiburón blanco se llame científicamente Carcharodon cacharias se llama así, el ser humano le ha puesto ese nombre por una necesidad de entenderlo, de saber por dónde va, qué hace y cómo come y a quién se come.

Pero en el mundo literario hay una libertad creativa y fantástica. Eso es lo que me fascina de la literatura, que tú puedes crear los mundos que tú quieras. En la pareja de cuentos Numantina y Eufonia, así lo escribí sin acento en la i, le doy un final feliz a una mujer que sufrió la mayor parte de su vida. Porque pensé en ya basta que la gente sufra y que seamos los miserables de siempre, que siempre la gente pobre tenga que perder. Yo fui muy pobre, muy pobre, y me siento afortunado porque ahora estoy en la clase media y ahora tengo una vida holgada, puedo pasear, comer lo que me gusta. No siempre tiene que ser un final desgraciado.

En el cuento Amistad, que es pareja del cuento  Licántropo, busco un final digno a un personaje maltratado, miserable.

En Cara de Perro se trata, en última instancia, del juego de escribir, una conversación dentro de cada lector, para que cada uno descubra lo que quiera y pueda encontrar para sí, siempre en el interior de sí mismo, pero también fuera de él, con su entorno, sus conocidos y sus por conocer.

Yo juego con eso ahora. No es necesario que el lector lo sepa. No es necesario que el lector sepa si yo hice una este anagnórisis o hice una metonimia, o hice una elipsis o un no sé qué. El chiste es que lo disfruté. Tampoco es necesario que el lector sepa que yo quité cacofonías o que quité repeticiones, el punto es que lo disfrute o lo abandone si no le gusta el libro. Soy sincero, hay gente que me ha dicho que [el cuento] Luna le pareció muy aburrido y hay otras personas que han llorado con Luna porque le movió algo muy interno.

Cuando les leí, por separado, a dos amigas el cuento Amor, las dos lloraron. Hay otros lectores que en que me han dicho: “oye, está tan cruda tu narración que no he podido seguir”. Perfecto. La literatura es para disfrutarse, para crearse mundos a uno mismo y no para para torturarse.

Pero también hay humor en Cara de Perro. Uno de mis autores, al que leo con muchísimo gusto, es Jorge Ibargüengoitia. Me encanta su sentido del humor. También disfruto a Graham Green, el autor de Nuestro hombre en La Habana.

Este humor inglés tan fino Me encanta ese es humor. Yo imprimo humor en mi obra, doy algunas pinceladas.

Cerillo y la niñez

No obstante de la pluralidad de sentidos, Tena vuelve a un mensaje primordial para su obra, el de la niñez. En este caso, él transporta este motivo en el personaje de Cerillo, un niño pelirrojo que se ve conectado con las distintas narraciones.

Ya sea como un recuerdo, protagonista o evocación, Cerillo se le aparece al periodista a modo del rostro de cualquier niño mexicano incluso de él, con una amplia familia, pero fracturada, curioso, pero imaginativo, como la estrella que brilla sobre la desgracia, y a quién busca rescatar para recordar al mundo la importancia de la infancia.

“Es algo que la sociedad debe conservar y cuidar con mucho deber. La infancia es algo que estamos que estamos perdiendo. Es esta ingenuidad, esta inocencia. Es algo que que debemos conservar lo más posible, incluso ya como adultos.

Debemos recordar que seguimos siendo niños. Para mí es una llamada de atención el evitar el abuso contra los pequeños, no abandonrlos. Como te dije, para mí uno de los actos más crueles del ser humano es el abandono. Y todavía más cruel es abandonar a un niño, a un inocente que está abriendo los ojos al mundo. A mí me tocó abrir los ojos en un mundo muy duro, violento, eso lo se refleja en el libro.

Mi mamá nunca supo que yo presencié una violación o nunca supo que mis amigos de diez años se drogaban, que mis amigos eran pandilleros, y cuando tenían 12 o 14 años asaltaban a la gente que cruzaba por el barrio.

Y yo crecí viendo eso. Entonces mis ojos, en vez de llenarse de la risa que sí compartí a ratos con otros niños, veían ese mundo violento. Fue ver peleas, muertos, violaciones y todo eso. Creo que es una asignatura pendiente: cuidar a los niños, dejarlos vivir su inocencia.

La conectividad y la actualidad

Recordando un poco estos episodios de la niñez, y ya para terminar, Gerardo Tena señala con humor, pero también con cierta nostalgia, un episodio de uno de sus cuentos, en el que a la familia de Cerillo les es arrebatado un televisor a color, luego de que la tienda se equivocara de destinatario.

Se trata del cuento Luna, el cual el autor retoma para reflexionar sobre las nuevas tecnologías, que se han reforzado con la pandemia de Covid-19, pero que, no obstante, también han permitido nuevos proyectos, como es el caso del traspaso de Cara de perro a Spotify, proyecto que encontrarás en este enlace.

“Hoy los televisores te los encuentras en todos lados. Yo detesto ir al restaurante donde hay televisores, porque ya no hablas con nadie. No nos estamos volviendo seres solitarios, conectados al iPhone o a los audífonos. Son estos tiempos y hay que adaptarse.

Para mi la literatura es colectiva, por ejemplo, la portada y las ilustraciones de Cara de Perro las hizo mi hijo, con la actriz Elena de Haro trabajé en la lectura en voz alta para detectar errores. Otros amigos se sumaron al proyecto cuando el libro se convirtió en podcast.

En el podcast Cara de Perro están la voz de mi esposa, la voz de de Elena de Haro, la de Laura García Royo, de Javier Rivero, quien es un maestro del doblaje y un excelente actor de doblaje. Está Moisés Palacios, quien ha doblado en español a Woody Allen. Está Mariana Esqueda, una ctriz joven. También está mi voz.

Mensaje final

Para finalizar, Gerardo Tena hizo una cordial invitación a la FIL Guadalajara, donde se presentará por primera vez en el mes de diciembre, junto a la autora Penélope Córdova, quien, por su parte, hablará de su libro Panteón familiar.

“El día 2 de diciembre vamos a estar presentando dos libros, uno de Penny Córdova, que se llama Panteón familiar.

El otro es el otro es Cara de perro, de Gerardo Teña. Lean lo más que puedan, disfruten la literatura y si les gusta Cara de perro recomiéndenlo, si no les gusta, pueden dejarlo a un lado. Total, la literatura es un riesgo y hay que jugársela.”

FIL Guadalajara

Si quieres comprar boletos para poder tener acceso a la FIL Guadalajara 2022 lo puedes hacer por medio de la página de la feria o directo en Alemania #1370 en colonia Moderna.

El precio del boleto es de $25 pesos y de $20 pesos para niños, personas de la tercera edad con credencial INSEN, personas con discapacidad, estudiantes con credencial maestros, así como miembros de la Fundación Universidad de Guadalajara que presenten su credencial.

La venta de boletos inició el 24 de octubre y estarán disponibles hasta el 22 de noviembre en un horario de 9:30 am a 6:00 pm.

La Feria Internacional del Libro Guadalajara 2022 dará inició el 26 de noviembre y finalizará el 4 de diciembre.

Los horarios son: 26, 27 de noviembre: de 9:00 a 21:00 horas 28, 29 y 30 de noviembre: de 15:00 a 21:00 horas 1, 3 y 4 de diciembre: de 9:00 a 21:00 horas 2 de diciembre: de 9:00 a 23:00 por venta nocturna

A diferencia de la edición pasada, la FIL Guadalajara 2022 se llevará a cabo en la Expo Guadalajara que está ubicada en Av. Mariano Otero #149 en la colonia Verde Valle.

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