Las mujeres y la impunidad

Francisco Zea

LNo podemos dejar pasa la situación que están viviendo las mujeres en nuestro país. Los ataques constantes en contra de su vida, su libre desarrollo psicosexual y en general su seguridad resulta ya insoportable. Es claro que esta situación se fue gestando poco a poco a punta de impunidad. La impunidad es enorme en México, a grado tal que el 98.5 de los delitos que se cometen no reciben una sentencia condenatoria. A raíz de los destrozos que se suscitaron en la manifestación de mujeres clamando por su seguridad, se llenaron las redes de “memes” y comentarios en donde se decía que la sociedad estaba más preocupada por un vidrio roto que por una mujer que estaba siendo violada. Precisamente por eso, por creer que la ley se debe de aplicar selectivamente, que hay delitos que se deben de perseguir y otros no, hemos llegado hasta este momento, en el que cualquier “idiota” se siente con el desecho de tocar, insultar, violar y hasta matar a una mujer.

Independientemente tenemos que entender que la violencia no se puede combatir con más violencia, salir a la calle y atacar, pintar monumentos emblemáticos e incluso aventar brillantina no va a resolver el problema. Entiendo el enojo, entiendo la furia de quienes se sienten perseguidas e inseguras. Pero todas las mujeres que han cambiado la historia de la humanidad no lo han hecho a tortazos, ha sido con su inteligencia sin par, con su absoluta dedicación y devoción.

Como no se debe de golpear, violar o matar a una mujer, tampoco se puede destruir, pintar o agredir. Evidentemente el grado de peligrosidad de un violador o asesino es mucho mayor que el de alguien que hace una pinta o rompe un vidrio. El tema aquí es que ninguno se debe de cometer. Se debe de acabar con la salvaje impunidad que nos tiene sumidos en la violencia y muerte en casi todos los rincones del país. Y el no castigar delitos chicos o grandes ha sido el alimento que hizo crecer a este monstruo que hoy no podemos controlar.

Por otro lado me parece que las aplicaciones de transporte de personas como Uber, Cabify o Didi, o cualquier otra están fallando gravemente sobre todo aquello que ofrecieron resolver primariamente que era brindar un servicio con seguridad. Coincido con la opinión de Alejandro Desfassiaux Presidente de Multisistemas de Seguridad Industrial, se debería de garantizar la seguridad de los pasajeros y con más razón la de las mujeres, con mecanismos y controles de confianza que eviten poner en riesgo a los usuarios. Ha crecido tanto el mercado, que por ejemplo, en el caso de Uber en 2017 tenían 230 mil choferes y este año han llegado a los 500 mil.  Con este crecimiento es muy complejo poder tener la garantía de honradez y probo comportamiento. Para dimensionar el problema me comenta el mismo Desfassiaux que se tienen en diferentes Procuradurías 115 denuncias por abuso de confianza, 80 por robo, 23 por violaciones, 23 por daños materiales, 11 por lesiones y 4 por homicidio de las diferentes plataformas que brindan este servicio de transporte, que en teoría, debería ser más seguro que los demás.

Tomando en cuenta estas cifras, los mismos operadores de las plataformas deben de ser corresponsables y no solo coadyuvantes en las investigaciones. De la misma forma deberían de invertir más en aspectos de seguridad y dar acompañamiento a los viajes y a las emergencias que se puedan presentar.

Tiene razón el Presidente López Obrador cuando dice que le heredaron un país muy maleado y que está trabajando por la seguridad, pero se acaba el tiempo y los pretextos, se necesitan resultados ya.

Otro de los aspectos que urge recuperar es el respeto a las fuerzas armadas. De nueva cuenta están circulando en las redes sociales escenas de las agresiones de los pobladores de Los Reyes en Michoacan en contra elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, que van desde insultos hasta patadas por la espalda. Lo he dicho varias veces en este mismo espacio, en otro país esos agresores estarían con una bala en la cabeza o de menos detenidos. Gracias a la disciplina, entrenamiento y templanza de nuestro ejército, no ha sucedido una tragedia. Es bien sabido que muchos grupos delincuenciales organizan a los pobladores a veces con dinero y otras prebendas para que agredan a las autoridades y este, seguramente, es otro caso de esos.

Pero como lo he dicho también hay que ser cuidadosos con nuestro Ejército, se trata de la última trinchera para salvar y pacificar al país. Si el Ejército fracasa en esta labor, el riesgo es enorme y no nos quedará ninguna institución ya que pueda ponerse entre los delincuentes y los ciudadanos.

Por ese motivo, rechazo y condeno categóricamente el insulto y falta de respeto a los soldados mexicanos que se han partido el alma en temblores, huracanes y balaceras por los mexicanos y  que ellos los traten de esta manera me parece no sólo una mezquindad, si no un acto de estupidez suprema.

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