Qué es la heráldica y por qué merece que se celebre hoy su día

Qué es la heráldica y por qué merece que se celebre hoy su día
Qué es la heráldica y por qué merece que se celebre hoy su día

Con los escudos de armas, las personas podían ser identificadas como parte de la nobleza y la Iglesia; así como de sus linajes, jerarquía, gremios y asociaciones

De acuerdo con la RAE, la heráldica es la ciencia del blasón. En la misma línea, el blasón se define como el arte de explicar y describir los escudos de armas de cada linaje, ciudad o persona. Y es que la heráldica no es simplemente el escudo de armas de una familia. Hoy se celebra su día. Debido a la historia que carga tras ella y a lo que nos ha dejado, explicaremos en qué consiste.

Si bien no es tan simple, pues no todos los apellidos tienen una historia interesante, la heráldica si que se dedica a rastrear la historia de las familias, pero también de otras cosas. Con una gran importancia titular, nació en la Edad Media para justificar el origen de las cosas. En esos tiempos, servía como un código de identificación de estamentos de la sociedad feudal.

Con los escudos de armas, las personas podían ser identificadas como parte de la nobleza y la Iglesia; así como de sus linajes, jerarquía, gremios y asociaciones. No solo eso, además, tenía que ver con la identificación de ciudades, villas y territorios.

Historia

En un principio, los blasones, también conocidos como armerías, estaban reservados para a los jefes de guerra que los portaban en sus escudos. No obstante, su uso se extendió progresivamente a los caballeros y después a la nobleza.

El avance continuó, su uso se extendió a las mujeres y a los nobles prelados: de ahí a los burgueses, artesanos y jueces. Posteriormente, perdió toda identificación individual y se asoció a corporaciones, comunidades urbanas, comunidades eclesiásticas y órdenes religiosas; incluso llegó a señoríos, dominios, provincias, universidades y administraciones civiles. En un último nivel, y de vuelta a ser signos de identidad social, las armas se volvieron hereditarias y designaron a Casas, es decir familias.

Hasta el siglo XVI, las figuras empleadas eran principalmente de animales, en número bastante restringido (una quincena de uso corriente), así como algunos muebles inanimados (varias veces abstractos), y sobre todo figuras geométricas. Sin embargo, el repertorio se engrandeció con objetos, armas, partes del cuerpo, edificios, etcétera.

Con una línea evolutiva difícil de seguir, y con tantos matices fuera de las meras herencias familiares, es preferible repasar sus generalidades. En sí, la heráldica es un sistema de comunicación formado por signos de escudos de armas. Estas armerías, término que directamente viene de las armas representadas, estaban conformadas por cuatro  elementos.

Composición

El primero era el “campo”, normalmente limitado por la representación de un escudo; es decir, el fondo que incluye todo. En segunda, las particiones del campo, las delimitaciones interiores del fondo. Tercera, las señales, también denominadas muebles, que pueden ser figuras geométricas u objetos dentro de las particiones. Finalmente, los esmaltes, o colores heráldicos, que se dividen en metales: oro y plata; y colores: gules, azur, sable, sinople y púrpura.

Por supuesto, los elementos que todos han llegado a ver (dragones o cosas así), también estaban, pero no fue hasta el siglo XIV que se incorporaron. La heráldica data del siglo XI, aproximadamente. De manera muy tardía. aparecieron los ornamentos exteriores al campo.

Desde escudos, hasta birretes, campos, armas, adornos y de todo,  dependían de aquellos que quisieran representar. En lo militar, por ejemplo, el primer elemento que fue, literalmente, armado, fue el escudo del caballero. Adicionalmente, se añadían más adornos para permitir reconocer al titular, pero también para representar o marcar su propiedad (cascos y armaduras de caballos,etc).

Aunque la creación de los blasones dependía de la iniciativa de sus futuros propietarios,siempre buscaba ofrecer una lectura fácil; lo cual se lograba con el empleo de colores, motivos de gran tamaño con contornos simplificados fácilmente legibles; y sobre todo, con la unicidad de las armerías

Esta “voluntad de identidad” se traducía como el uso de símbolos, recuerdo de hechos importantes, traducciones de rasgos característicos vinculados al propietario (Armas alusivas). Todo dependía de aquello que se quisiese representar, fuera. De esta manera, con un campo tan diverso, es preferible acudir a blasones individuales que ofrecer un catálogo de ellos. Para el lector más curioso, esta introducción a las armerías puede llevarlo a escudriñar en los escudos de lugares, familias, órdenes o comunidades.

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CAB

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